Basado en Lucas 9:57 – 10:20 (Versión Reina Valera 1960)  

Yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré adondequiera que vayas. Y le dijo Jesús: Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; más el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza. Y dijo a otro: Sígueme. Él le dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre. Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios. Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa. Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios. Después de estas cosas, designó el Señor también a otros setenta, a quienes envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir. Y les decía: La mies a la verdad es mucha, más los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies. Id; he aquí yo os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado; y a nadie saludéis por el camino. En cualquier casa donde entréis, primeramente decid: Paz sea a esta casa. Y si hubiere allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, se volverá a vosotros. Y posad en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os den; porque el obrero es digno de su salario. No os paséis de casa en casa. En cualquier ciudad donde entréis, y os reciban, comed lo que os pongan delante; y sanad a los enfermos que en ella haya, y decidles: Se ha acercado a vosotros el reino de Dios. Mas en cualquier ciudad donde entréis, y no os reciban, saliendo por sus calles, decid: Aun el polvo de vuestra ciudad, que se ha pegado a nuestros pies, lo sacudimos contra vosotros. Pero esto sabed, que el reino de Dios se ha acercado a vosotros. Y os digo que en aquel día será más tolerable el castigo para Sodoma, que para aquella ciudad. ¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! que si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que sentadas en cilicio y ceniza, se habrían arrepentido. Por tanto, en el juicio será más tolerable el castigo para Tiro y Sidón, que para vosotras. Y tú, Capernaum, que hasta los cielos eres levantada, hasta el Hades serás abatida. El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió. Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre. Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará. Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.

Viendo el conjunto de la Palabra (como debe tomarse), podemos entender por medio del Espíritu Santo que la salvación, la sana doctrina consta de tres cosas fundamentales, tres decisiones que el hombre debe tomar para poder lograr entrar en el reino de Dios. Y si falta una de las tres, no es posible que entre en Su reino. Para comenzar, estas tres cosas o decisiones están plenamente sujetas al libre albedrio, lo cual Dios ha otorgado a todo ser, desde los ángeles hasta el ser humano. El enemigo y sus demonios una vez fueron parte del reino de Dios, pero por el misterio de la iniquidad, escogieron rebelarse en contra de Dios. Dios hizo al hombre con este mismo libre albedrio. Cada uno de nosotros tenemos la habilidad de razonar y escoger si deseamos sujetarnos a Dios o de rehusar hacerlo. Por lo tanto, Dios ha establecido estas tres cosas para que el hombre escoja hacerlas o no hacerlas, porque el libre albedrio va en conjunto con la obra.

La sana doctrina o la manera de lograr entrar en el reino de Dios consta de lo siguiente: del arrepentimiento y conversión de todos los pecados; de recibir por fe al Señor Jesucristo como Señor; y de seguirle como tal hasta nuestro fin carnal, y todo esto tiene sus correspondientes acciones u obras. El arrepentimiento y la conversión de todos los pecados es lo primero que debe hacer una persona para poder recibir el perdón de Dios. Sin esto, no hay perdón, y como consecuencia, no puede entrar Cristo en el corazón de una persona, por mucha fe que profese tener. El Señor no entrará en una persona que no se arrepienta y se convierta de no solo algunos pecados, sino de todos sus pecados. Esto dice la Palabra: Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio. Marcos 1:14-15. Y también dice esto: Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado. Hechos 3:19-20. Por lo tanto, esta primera acción debe suceder.

Lo segundo es el recibir por fe al Señor Jesucristo como Señor, lo cual va más allá de Salvador o de Maestro, o de cualquier otra forma. Muchos hablan de Dios genéricamente, pero el creer en Dios genéricamente es una fe incompleta para la salvación. Dios sí existe, y son tres personas: Dios Padre, Dios Hijo, y Dios Espíritu Santo, pero Dios Padre mismo ha establecido un camino muy exacto para llegar a El, y ese es el de Su unigénito Hijo, del Señor Jesucristo, como está escrito: Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre. 1 Timoteo 2:5. Por eso que el propio Señor dijo esto también, lo cual no fue ni una ilusión de grandeza, ni nada por estilo, sino una sencilla realidad: …Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. John 14:6. Dios Padre mismo hizo esta designación personalmente desde lo cielos, como leemos en lo siguiente: Entonces vino una nube que les hizo sombra, y desde la nube una voz que decía: Este es mi Hijo amado; a él oíd. Y luego, cuando miraron, no vieron más a nadie consigo, sino a Jesús solo. Marcos 9:7-8. Por lo tanto, si se interpone a cualquier otra persona o ser, o se dirige a Dios genéricamente, no hay salvación. El Señor Jesucristo debe ser literalmente el Señor de nuestras vidas.  

Y la tercera cosa, consta de seguir al Señor como tal, y de hacer la voluntad de Dios, y permanecer en esto hasta el fin. Escrito esta: No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Mateo 7:21. Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; más el que persevere hasta el fin, este será salvo. Mateo 10:22. Y no podemos tomar esta salvación por asentado o livianamente, porque el libre albedrio no termina con la conversión, sino todo lo contrario, está aún más en efecto ya que fuimos hechos libres del pecado a través de Cristo. Esto dice la Palabra: Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor. Filipenses 2:12. El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles. Apocalipsis 3:5. Si deseas realmente entrar en el reino de Dios eternamente, este es el Camino que debes seguir hasta el fin, y debes vencer en Cristo para que tu nombre permanezca en el libro de la vida. Entonces, ¿vives tu vida como dice la Palabra de Dios o sigues haciendo las cosas como a ti te parecen? ¡Qué el Señor les bendiga! John ¡Dios bendiga a Israel!

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