Basado en 2 Timoteo 1:1 – 2:10 (Versión Reina Valera 1960)
Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, según la promesa de la vida que es en Cristo Jesús, a Timoteo, amado hijo: Gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y de Jesucristo nuestro Señor. Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día; deseando verte, al acordarme de tus lágrimas, para llenarme de gozo; trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también. Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios, quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio, del cual yo fui constituido predicador, apóstol y maestro de los gentiles. Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día. Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús. Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros. Ya sabes esto, que me abandonaron todos los que están en Asia, de los cuales son Figelo y Hermógenes. Tenga el Señor misericordia de la casa de Onesíforo, porque muchas veces me confortó, y no se avergonzó de mis cadenas, sino que cuando estuvo en Roma, me buscó solícitamente y me halló. Concédale el Señor que halle misericordia cerca del Señor en aquel día. Y cuánto nos ayudó en Éfeso, tú lo sabes mejor. Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús. Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros. Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado. Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente. El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero. Considera lo que digo, y el Señor te dé entendimiento en todo. Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos conforme a mi evangelio, en el cual sufro penalidades, hasta prisiones a modo de malhechor; más la palabra de Dios no está presa. Por tanto, todo lo soporto por amor de los escogidos, para que ellos también obtengan la salvación que es en Cristo Jesús con gloria eterna.
Hay personas que se preocupan y se esmeran por dejar un legado tras ellos. Hay personas que desean dejar un legado para la raza humana, sea un gran logro científico, o matemático, o médico, o hasta en forma de arte como música, o pintura. Hay personas que desean dejar un impacto en algunas personas, sean en sus hijos o familias, o seres queridos. Hay personas que se esmeran en dejar una empresa o un negocio tras ellos para que otros subsistan después que hallan partido. Un ser que ve más allá de su persona esta preocupado por dejar algo tras ellos, para los que queden después que hallan partido, y no necesariamente son personas espirituales o con conocimientos divinos.
Ahora, ¿es malo preocuparse por dejar algo tras uno para el bien de los que queden después de ellos? Claro que no. Es bueno que un ser humano se preocupe por dejar algo bueno tras ellos, sea un padre o una madre que se preocupe por bienestar de su familia después que parta, o personas dedicadas a cosas nobles que ayuden a sus semejantes de alguna manera. De cualquier manera, dejar algún tipo de bien para alguien más, después de su partida es admirable. Y seria de gran valor para la humanidad si hubieran más personas que pensaran en el bienestar de su prójimo en vez de pensar en ellos mismos. Vivimos en un mundo muy egoísta hoy en día. Y aún peor, hay demasiado egoísmo dentro de la iglesia de Dios. Entonces, es bueno preocuparse de dejar un legado bueno tras uno, pero tenemos que pensar en la duración y el impacto de lo que se deja atrás, o sea, de cuál es el mayor bien. Sabemos que todo en este mundo es temporal. Todo lo que podemos detectar con nuestros sentidos dejará de ser algún día. Aunque vayamos a otros planetas, como algunos piensan, para el bien de la humanidad, hay algo que nunca cambia, y eso es, que todo ser humano morirá en algún momento. Así que, no importa todo lo que nos esmeremos, si dejamos cosas atrás que solo impactan el mundo temporal, así también será el aporte, temporal, limitado, finito.
Entonces, pensando en esta manera, ¿Qué es el mejor legado que cualquier persona puede dejar atrás suyo para su semejante? Lo eterno, lo divino, lo que perdurará para siempre. En esto pensaba y se dedicó el Apóstol Pablo, como pudimos leer. Y para poder hacer lo mismo, debemos mirar a Dios, porque Dios es el único Ser eterno que existe, tal como está escrito: Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. Hebreos 13:8. El propio Señor Jesucristo se enfocó en esto mismo por el bien de todos nosotros. El Señor si sanó a los enfermos, alimento a las multitudes, libero a los endemoniados, e inclusive, levanto hasta los muertos, pero Su enfoque principal fue el compartir la Palabra de Dios y el cumplir con el sacrificio que nos daría a todos la vida eterna. El nos dió la vida eterna y el propósito que viene con aquello (porque el propósito para la vida eterna es para hacer la voluntad de Dios). El Señor no tuvo hijos físicos, pero si dejo un eterno legado tras El, como está escrito: Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores. Isaías 53:10-12.
Hubo otro que también dejo un legado, aunque tuvo muy poca vida física después de su conversión, y ese fue el ladrón de la derecha. Esto dice la Palabra: Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; más este ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso. Lucas 23:39-43. Este hombre no tuvo años para poder hacer cosas para el Señor como lo hizo Pablo, pero con sus pocos momentos, ejerció una fe increíble, y hasta justificó y defendió públicamente a Dios mismo, estando el Santo en Su peor momento físico. No hay otro que pudiera haber dejado mayor legado de fe que este hombre. Pudo ver a Dios plenamente aún en Su momento más difícil. Así que, ¿Qué legado dejaras tu? ¡Qué el Señor les bendiga! John