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Dejando un legado espiritual solido - 2 Timoteo 1:1 – 2:10

Basado en 2 Timoteo 1:1 – 2:10 (Versión Reina Valera 1960)  

Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, según la promesa de la vida que es en Cristo Jesús, a Timoteo, amado hijo: Gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y de Jesucristo nuestro Señor. Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día; deseando verte, al acordarme de tus lágrimas, para llenarme de gozo; trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también. Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios, quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio, del cual yo fui constituido predicador, apóstol y maestro de los gentiles. Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día. Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús. Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros. Ya sabes esto, que me abandonaron todos los que están en Asia, de los cuales son Figelo y Hermógenes. Tenga el Señor misericordia de la casa de Onesíforo, porque muchas veces me confortó, y no se avergonzó de mis cadenas, sino que cuando estuvo en Roma, me buscó solícitamente y me halló. Concédale el Señor que halle misericordia cerca del Señor en aquel día. Y cuánto nos ayudó en Éfeso, tú lo sabes mejor. Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús. Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros. Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado. Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente. El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero. Considera lo que digo, y el Señor te dé entendimiento en todo. Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos conforme a mi evangelio, en el cual sufro penalidades, hasta prisiones a modo de malhechor; más la palabra de Dios no está presa. Por tanto, todo lo soporto por amor de los escogidos, para que ellos también obtengan la salvación que es en Cristo Jesús con gloria eterna.

Hay personas que se preocupan y se esmeran por dejar un legado tras ellos. Hay personas que desean dejar un legado para la raza humana, sea un gran logro científico, o matemático, o médico, o hasta en forma de arte como música, o pintura. Hay personas que desean dejar un impacto en algunas personas, sean en sus hijos o familias, o seres queridos. Hay personas que se esmeran en dejar una empresa o un negocio tras ellos para que otros subsistan después que hallan partido. Un ser que ve más allá de su persona esta preocupado por dejar algo tras ellos, para los que queden después que hallan partido, y no necesariamente son personas espirituales o con conocimientos divinos.

Ahora, ¿es malo preocuparse por dejar algo tras uno para el bien de los que queden después de ellos? Claro que no. Es bueno que un ser humano se preocupe por dejar algo bueno tras ellos, sea un padre o una madre que se preocupe por bienestar de su familia después que parta, o personas dedicadas a cosas nobles que ayuden a sus semejantes de alguna manera. De cualquier manera, dejar algún tipo de bien para alguien más, después de su partida es admirable. Y seria de gran valor para la humanidad si hubieran más personas que pensaran en el bienestar de su prójimo en vez de pensar en ellos mismos. Vivimos en un mundo muy egoísta hoy en día. Y aún peor, hay demasiado egoísmo dentro de la iglesia de Dios. Entonces, es bueno preocuparse de dejar un legado bueno tras uno, pero tenemos que pensar en la duración y el impacto de lo que se deja atrás, o sea, de cuál es el mayor bien. Sabemos que todo en este mundo es temporal. Todo lo que podemos detectar con nuestros sentidos dejará de ser algún día. Aunque vayamos a otros planetas, como algunos piensan, para el bien de la humanidad, hay algo que nunca cambia, y eso es, que todo ser humano morirá en algún momento. Así que, no importa todo lo que nos esmeremos, si dejamos cosas atrás que solo impactan el mundo temporal, así también será el aporte, temporal, limitado, finito.

Entonces, pensando en esta manera, ¿Qué es el mejor legado que cualquier persona puede dejar atrás suyo para su semejante? Lo eterno, lo divino, lo que perdurará para siempre. En esto pensaba y se dedicó el Apóstol Pablo, como pudimos leer. Y para poder hacer lo mismo, debemos mirar a Dios, porque Dios es el único Ser eterno que existe, tal como está escrito: Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. Hebreos 13:8. El propio Señor Jesucristo se enfocó en esto mismo por el bien de todos nosotros. El Señor si sanó a los enfermos, alimento a las multitudes, libero a los endemoniados, e inclusive, levanto hasta los muertos, pero Su enfoque principal fue el compartir la Palabra de Dios y el cumplir con el sacrificio que nos daría a todos la vida eterna. El nos dió la vida eterna y el propósito que viene con aquello (porque el propósito para la vida eterna es para hacer la voluntad de Dios). El Señor no tuvo hijos físicos, pero si dejo un eterno legado tras El, como está escrito: Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores. Isaías 53:10-12.

Hubo otro que también dejo un legado, aunque tuvo muy poca vida física después de su conversión, y ese fue el ladrón de la derecha. Esto dice la Palabra: Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; más este ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso. Lucas 23:39-43. Este hombre no tuvo años para poder hacer cosas para el Señor como lo hizo Pablo, pero con sus pocos momentos, ejerció una fe increíble, y hasta justificó y defendió públicamente a Dios mismo, estando el Santo en Su peor momento físico. No hay otro que pudiera haber dejado mayor legado de fe que este hombre. Pudo ver a Dios plenamente aún en Su momento más difícil. Así que, ¿Qué legado dejaras tu? ¡Qué el Señor les bendiga! John

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El Señor es un Dios de orden - 1 Corintios 14:26-40

Basado en 1 Corintios 14:26-40 (Versión Reina Valera 1960)  

¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación. Si habla alguno en lengua extraña, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno; y uno interprete. Y si no hay intérprete, calle en la iglesia, y hable para sí mismo y para Dios. Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen. Y si algo le fuere revelado a otro que estuviere sentado, calle el primero. Porque podéis profetizar todos uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados. Y los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas; pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos, vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación. ¿Acaso ha salido de vosotros la palabra de Dios, o solo a vosotros ha llegado? Si alguno se cree profeta, o espiritual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor. Mas el que ignora, ignore. Así que, hermanos, procurad profetizar, y no impidáis el hablar lenguas; pero hágase todo decentemente y con orden.

Hay muchas cosas que se pueden ver en este pasaje, cosas que son muy controversiales dentro de nuestras iglesias, y hasta en la sociedad que vivimos hoy. Pero nos sujetaremos al tema principal, y especialmente al que le concierne a cada creyente en Cristo, el asunto del orden. Hoy en día, y más que nunca, hay mucho desorden en la iglesia universal de Dios, tanto a nivel congregacional como a nivel familiar y personal. Y claro debiera ser que lo que produce tal desorden es el pecado. Demasiados supuestos creyentes en Cristo tienen sus vidas en tal desorden que se han vuelto totalmente inservibles para el Señor, y eso es un grave problema. Y por desgracia, muchos de los que creen servir a Cristo son los que están en los peores problemas de desorden, y de tal manera que creen que ejercen un ministerio para el Señor, pero en realidad, el Señor lo ve con desagrado lo que se está haciendo, porque sencillamente está mal.

El primer problema que podemos ver es el asunto del desorden dentro de las cosas del ministerio. Hay muchas personas que están envueltas en un supuesto servicio para el Señor, pero no por las razones correctas. Muchos desean sobresalir humanamente, llamando la atención. Otros hacen las cosas por razones alternativas como para lucrar con las cosas de Dios, para sacar provecho, de alguna manera u otra. Hay personas que también se envuelven en las cosas de Dios para sentir que pueden ejercer dominio sobre los demás, por algún complejo de liderazgo o hambre de poder que tengan. Otros se ponen a hacer cosas que lucen espirituales hasta por entretención, para tener algo que hacer, y nada más. La gran mayoría de las personas finalmente se introducen y participan en las cosas del Señor, pero por razones totalmente ajenas a la voluntad de Dios. Y eso sencillamente no sirve de nada, sino todo lo contrario, es tropiezo para el ministerio, para los demás, y claro, ya que Dios sabe todas las cosas, también para el mal de ellos mismos, porque serán juzgados. Esto dice la Palabra: No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad. Mateo 7:21-23. El todo para Dios no consta de lo que hacemos nada más, sino por qué hacemos las cosas. Eso es lo más importante para Dios. ¿Cuál es nuestra motivación o nuestra intención? Si no se hace por las razones correctas, entonces ya hay un desorden que no conlleva a nada bueno.

El otro problema de desorden que existe es dentro de muchos de los hogares cristianos, que las cosas no están sujetas a Dios, sino más bien, la mayoría de los hogares cristianos se están sujetando a las cosas del mundo, a las influencias satánicas que a lo que Dios dice. Muchos de los padres no están siendo cabezas espirituales en sus casas. Muchas de las mujeres viven en un libertinaje y desorden moral también. Los hijos están siendo criados a la manera del mundo, sea porque los padres mismos lo están criando así, o porque dejan que el sistema del mundo crien a sus hijos en la escuela, o través de los medios, u otras cosas y personas en el ambiente del mundo. Pero por desgracia, hay muy pocas familias que observan los principios de Dios para conducir sus hogares a como Dios manda. Entonces, ¿es algún misterio porqué hay tantos divorcios, tantos hogares rotos, hijos de creyentes que hasta se suicidan, o hijos en tanto desorden? Muchos hogares se dicen ser cristianos, pero llevan sus cosas como si no existiera Dios, y como si no viniera tal juicio delante del Dios Todopoderoso donde todos daremos cuenta por nuestras acciones. En rendidas cuentas, todo desorden es producto de la influencia satánica seguida por el alimentar los deseos de la carne, el pecado.    

Ahora, ¿Por qué finalmente es importante hacer las cosas en orden? Porque Dios es Dios de orden, y si deseamos complacer a Dios, debemos vivir una vida de orden delante de Dios, para la gloria de El, y para poder servirle genuinamente, porque ese es el todo del hombre, el amar y servir a Dios por sobre todas las cosas, y el amar a nuestro prójimo como a uno mismo. Esto dijo el propio Señor: Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que estos. Marcos 12:29-31. Este debe ser el propósito de nuestro existir, y la razón por lo cual hacemos todo en la vida, tanto espiritualmente, como lo secularmente, o como lo personalmente. Y si esto no es ni la razón o el motivo por lo cual se hacen todas las cosas, entonces hay desorden, y Dios juzgará todo desorden porque es pecado.

Algunos puede que digan: ¿Cómo puedo poner mi vida en orden? Muy fácil. Trata al Señor Jesucristo como lo que es, como el Rey de reyes y Señor de señores, y busca de Su sabiduría. El tiene que ser Señor, lo cual significa que se hacen las cosas como El dice, y no como nosotros creemos. La Palabra misma nos dice esto: Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos. Santiago 1:5-8. No dudes que hay Dios, porque sí hay, un Dios Todopoderoso que juzgará todas las cosas según Su verdad, y no según nuestras opiniones, ni aún menos, según los pensamientos del mundo y del enemigo. Por lo tanto, mi consejo es que no te dejes llevar por el desorden del mundo y del diablo porque todos daremos cuenta delante de Dios, y lo único que importará en aquel momento es que Dios apruebe lo que hicimos. El Señor es Dios, y siempre lo será. Así que, ¿Tienés tu vida en orden delante de Dios? ¡Qué el Señor les bendiga! John

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La salvación es una carrera que se corre hasta el final - 1 Corintios 9:24 – 10:12

Basado en 1 Corintios 9:24 – 10:12 (Versión Reina Valera 1960)  

¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado. Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, y todos comieron el mismo alimento espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo. Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto. Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron. Ni seáis idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar. Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil. Ni tentemos al Señor, como también algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes. Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor. Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos. Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.

Lo interesante del asunto es que el Apóstol Pablo compara la salvación o el obtener una corona incorruptible a una carrera en un estadio. ¿Por qué hará esa comparación? Porque él, inspirado por el Espíritu Santo, da a conocer que el obtener la salvación es algo que toma mucha dedicación, sacrificio, y determinación, y claro, que tiene que ver con algo que se debe adoptar como un estilo de vida. Para poder entender bien el asunto, hay que entender de que exactamente se trata este correr físico a que él se refiere.

Para comenzar, debemos ver que se está hablando de una competencia. Y cuando hay competencia, debe haber un entrenamiento, una preparación, muchas distintas cosas para que una persona pueda sobresalir de los demás. En una competencia para correr, no se trata de juntar a un montón de personas sin acondicionamiento o hasta a novatos, sino de atletas profesionales, para que pueda haber una genuina competencia. Piensen esto. ¿Podrá hacerle frente una persona que ni entrena, ni come bien, ni acondiciona su cuerpo, que este sobrepeso, a otra persona que vive una vida metódica, que esta robusta, fuerte, entrenando todos los días, en su mejor forma física? Por supuesto que no. No es ni siquiera una competencia. Y por eso, que en competencias legitimas, hay cosas básicas que debe tener un atleta, requisitos rudimentarios que debe cumplir para ser admitido en una carrera. El Señor lo mira de la misma manera el asunto, y por eso reitera este mismo concepto en otro pasaje, como está escrito: Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Hebreos 12:1-2.

¿A qué viene todo esto? A que sencillamente, una persona no alcanza la salvación, la vida eterna, o la corona de la vida porque hizo algún tipo de oración en un momento dado y nada más, o porque hace ciertas cosas y otras no, o porque cree ser algo sin serlo genuinamente. Una persona no llega a la inmortalidad que solo Dios puede dar, por ser religioso, o ser una buena persona, o por decir que cree en Cristo. La salvación solo se obtiene si en realidad una persona comienza una real y genuina relación con el Todopoderoso a través del Señor Jesucristo y retiene y vive esa fe hasta su último aliento, o sea una persona que sea fiel hasta el final. En el pasaje que leímos hoy, el Apóstol Pablo habla de su propia entrega y su lucha por su fe en Cristo, y que hasta él pudiera haber sido eliminado si no se esmeraba legítimamente. Si Pablo mostraba que pudiera pasar eso en su propia vida, una persona que sí dedico toda su vida al Evangelio, que sufrió persecuciones, fue encarcelado, fue azotado, y hasta llego a morir por unos instantes después de ser apedreado, ¿Qué significará esto para nosotros? ¿Podremos tomar la salvación tan livianamente? ¿Es en realidad tan fácil el asunto de llegar a la vida eterna? Es imposible. Si Pablo temía, cuidaba y hasta luchaba por su fe en Cristo, nosotros también debemos hacer lo mismo. Este mismo consejo dió el apóstol: Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor. Filipenses 2:12.

Por eso que también escribió de aquellos que no cuidaron de serles fiel a Dios, a los que cayeron en el desierto. El mismo los pone como ejemplo de fracaso. Aunque eran parte del pueblo de Dios, no llegaron a la tierra prometida. Y ténganlo muy claro, si Dios termino con ellos en el desierto, no era para recompensarlos con la vida eterna después. Fueron acortados sus días en este mundo y llegaron más apresuradamente al castigo eterno. Si ellos que eran del pueblo escogido de Dios no fueron perdonados, ¿Qué quedará para la gran mayoría de nosotros que por naturaleza somos completamente ajenos a las promesas celestiales? Nosotros los gentiles no tenemos nada que ver con lo que sigue siendo el pueblo santo de Dios. Hemos sido solamente añadidos, injertados al olivo real, solo a través de la misericordia, bondad, y gracia de Dios. Esto dice la Palabra, en una advertencia muy clara para aquellos que piensan que pueden abusar de la gracia de Dios: Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo. ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo! Hebreos 10:26-31.

La salvación no es algo que se puede tomar livianamente. Y claro debiera ser, que no se puede jugar con Dios. La recompensa de la vida eterna será solo para aquellos que no solamente creen en el Señor Jesucristo, sino que buscan hacer la voluntad de Dios en todo aspecto de su vida. Si una persona no busca cumplir la voluntad del Padre en su vida, en respuesta a la gracia que le ha sido otorgada, no vera la vida eterna, sino que lo más cerca que llegara a ver de Dios, es Su trono en el juicio, y después al infierno eterno. Hoy más que nunca se debe tomar a Dios en serio, porque el final no será bueno, ni en este mundo temporal, y aún peor, en el castigo eterno. Sé sabio, y corre la carrera que debes correr para llegar a obtener la vida eterna a través del Señor Jesucristo. Así que, ¿Estás corriendo hacia Dios hoy? ¡Qué el Señor les bendiga! John

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La responsabilidad de conocer la verdad - 2 Reyes 1:1-17a

Basado en 2 Reyes 1:1-17a (Versión Reina Valera 1960)  

Después de la muerte de Acab, se rebeló Moab contra Israel. Y Ocozías cayó por la ventana de una sala de la casa que tenía en Samaria; y estando enfermo, envió mensajeros, y les dijo: Id y consultad a Baal-zebub dios de Ecrón, si he de sanar de esta mi enfermedad. Entonces el ángel de Jehová habló a Elías tisbita, diciendo: Levántate, y sube a encontrarte con los mensajeros del rey de Samaria, y diles: ¿No hay Dios en Israel, que vais a consultar a Baal-zebub dios de Ecrón? Por tanto, así ha dicho Jehová: Del lecho en que estás no te levantarás, sino que ciertamente morirás. Y Elías se fue. Cuando los mensajeros se volvieron al rey, él les dijo: ¿Por qué os habéis vuelto? Ellos le respondieron: Encontramos a un varón que nos dijo: Id, y volveos al rey que os envió, y decidle: Así ha dicho Jehová: ¿No hay Dios en Israel, que tú envías a consultar a Baal-zebub dios de Ecrón? Por tanto, del lecho en que estás no te levantarás; de cierto morirás. Entonces él les dijo: ¿Cómo era aquel varón que encontrasteis, y os dijo tales palabras? Y ellos le respondieron: Un varón que tenía vestido de pelo, y ceñía sus lomos con un cinturón de cuero. Entonces él dijo: Es Elías tisbita. Luego envió a él un capitán de cincuenta con sus cincuenta, el cual subió a donde él estaba; y he aquí que él estaba sentado en la cumbre del monte. Y el capitán le dijo: Varón de Dios, el rey ha dicho que desciendas. Y Elías respondió y dijo al capitán de cincuenta: Si yo soy varón de Dios, descienda fuego del cielo, y consúmate con tus cincuenta. Y descendió fuego del cielo, que lo consumió a él y a sus cincuenta. Volvió el rey a enviar a él otro capitán de cincuenta con sus cincuenta; y le habló y dijo: Varón de Dios, el rey ha dicho así: Desciende pronto. Y le respondió Elías y dijo: Si yo soy varón de Dios, descienda fuego del cielo, y consúmate con tus cincuenta. Y descendió fuego del cielo, y lo consumió a él y a sus cincuenta. Volvió a enviar al tercer capitán de cincuenta con sus cincuenta; y subiendo aquel tercer capitán de cincuenta, se puso de rodillas delante de Elías y le rogó, diciendo: Varón de Dios, te ruego que sea de valor delante de tus ojos mi vida, y la vida de estos tus cincuenta siervos. He aquí ha descendido fuego del cielo, y ha consumido a los dos primeros capitanes de cincuenta con sus cincuenta; sea estimada ahora mi vida delante de tus ojos. Entonces el ángel de Jehová dijo a Elías: Desciende con él; no tengas miedo de él. Y él se levantó, y descendió con él al rey. Y le dijo: Así ha dicho Jehová: Por cuanto enviaste mensajeros a consultar a Baal-zebub dios de Ecrón, ¿no hay Dios en Israel para consultar en su palabra? No te levantarás, por tanto, del lecho en que estás, sino que de cierto morirás. Y murió conforme a la palabra de Jehová, que había hablado Elías…

De acuerdo a Pew Research Center en el 2010, ellos encontraron que habían más de 2.2 billones de cristianos en el mundo, personas que profesaban tener algún tipo de fe en Cristo. En aquel entonces, ellos estimaban que precisamente en este año (2023), habría una cifra que superaría 2.6 billones de personas. Este es el número de personas que se estimaba que no solamente tendrían un conocimiento de quien es Cristo, sino aún más, que profesarían tener fe en El. Así que, ¿Cuántos podríamos decir que conocen del Evangelio de Dios, que puede que no profesen tener fe en Cristo, pero saben de lo que se trata el asunto? Y tendríamos que decir que tienen que haber muchas personas más que los 2.6 billones que se estiman tener tal fe en el mundo. Yo personalmente he conversado con algunas personas que no profesan tener fe en Cristo, que son de otras religiones o hasta ateos, y saben lo que es el pecado y que el unigénito Hijo de Dios vino a este mundo para pagar por los pecados de toda la humanidad, lo cual es el centro del Evangelio. Entonces, un gran número de personas en el mundo no solamente saben que existe un Dios, sino que también, que Su Cristo vino a morir por todo el mundo para que pudieran obtener perdón por sus pecados y tener la vida eterna.

Pero ¿Qué se hace con este conocimiento? Temo decir que, tanto la gran mayoría de las personas que profesan tener fe en Cristo, como las que tienen solo el conocimiento del Evangelio, no le toman ningún peso al asunto. Es un conocimiento nada más. Pero no va más allá el asunto en sus vidas. Y de allí, muchos de los que dicen creer, sí creen, pero solo por conveniencia o a su manera. En rendidas cuentas, el gran número de personas que conocen de la verdad no significan mucho, porque no hay una fe real. Y ¿Qué diría Dios al respecto? Dios tiene mucho que decir, y gran responsabilidad hay delante de Sus ojos por la verdad. Para comenzar, y hasta para las personas que no profesan tener fe en Cristo, pero saben de Su verdad, dice esto la Palabra: Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Romanos 1:20-21. Entonces, ya hay juicio sobre los que tienen tal conocimiento, pero lo rechazan. La Palabra también dice esto: El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él. Juan 3:36.

Y entonces, tendríamos que ver, ¿y qué de los que dicen creer, pero viven sus vidas a la manera del mundo, y no hacen la voluntad de Dios? Ahí hay un peor problema, aún más juicio de parte de Dios. Esto dice la Palabra: Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero. Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado. Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno. 2 Pedro 2:20-22. Y esto también dice la Palabra: Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. Hebreos 10:26-27. Entonces, vemos a plenitud que el saber la Verdad y no seguirla como tal tiene grandes consecuencias, si nunca se llega a un arrepentimiento genuino. El juicio de Dios ya ha comenzado, pero será aún peor en la eternidad donde ya no hay más oportunidad para salvación, si una persona nunca se convierte al Señor como corresponde. Esto debemos tener presente: Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre. 1 Juan 2:16-17. El rey Ocozías sabía quién era Dios, pero opto buscar en el mundo para sus respuestas. La gran mayoría hoy tienen su corazón puesto en el mundo, y sus intenciones no son buenas a pesar de tener el conocimiento del Evangelio. Y esto dice la Palabra: Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras. Jeremías 17:9-10. Por eso que el consejo divino es: Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio. Hechos 3:19. Así que, ¿Qué harás con el conocimiento del Evangelio? ¡Qué el Señor les bendiga! John

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Somos definidos por nuestras relaciones - Filemón 1:17-25

Basado en Filemón 1:17-25 (Versión Reina Valera 1960)  

Así que, si me tienes por compañero, recíbele como a mí mismo. Y si en algo te dañó, o te debe, ponlo a mi cuenta. Yo Pablo lo escribo de mi mano, yo lo pagaré; por no decirte que aun tú mismo te me debes también. Sí, hermano, tenga yo algún provecho de ti en el Señor; conforta mi corazón en el Señor. Te he escrito confiando en tu obediencia, sabiendo que harás aun más de lo que te digo. Prepárame también alojamiento; porque espero que por vuestras oraciones os seré concedido. Te saludan Epafras, mi compañero de prisiones por Cristo Jesús, Marcos, Aristarco, Demas y Lucas, mis colaboradores. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu. Amén.

El dicho: Dime con quien andas, y yo te diré quién eres, es un viejo refrán con mucha sabiduría, pero El que aclaró este obvio concepto fue Dios mismo mucho antes. En la Palabra dice así: ¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo? Amos 3:3. Finalmente, tanto el dicho como lo que Dios dice vienen al mismo punto: Si algunas personas mantienen una relación íntima, es porque están de acuerdo, y están a fines el uno con el otro, y dependiendo del asunto, esto puede ser algo bueno, pero también, puede ser algo muy malo. Las personas con las cuales nos relacionamos definen lo que somos, y el libre albedrio es lo que da lado a entender esto.

Para comenzar, todos somos libres tanto como para escoger lo que queramos creer como con quien queramos mantener una relación. Nadie hace nada a la fuerza, por decir. Algunos pueden que alegen algo extremo: Pero si una persona tiene que estar con otra porque le es necesario, como una situación de vida o muerte, ¿Qué debe hacer? Y puedo responder así: Cuando Cesar le decía a los cristianos que tenían que reconocerle como señor, ¿debieran haberle reconocido como tal para salvar sus propias vidas? Y la respuesta es: No. Si hubieran reconocido a Cesar como Señor, entonces hubieran blasfemado y hubieran renunciado a la fe en Cristo. Siempre hay una opción, aunque no nos gusten las opciones que tenemos. El confesar y retener nuestra fe en Cristo es igual a las relaciones que escogemos mantener, somos libres para escoger, y aunque la muerte sea parte de la elección, si eso es el precio que se ha de pagar, así sea. Todos somos libres para escoger y siempre hay opciones para hacer lo correcto, aunque el precio se vea muy alto. Finalmente, esto debemos preguntarnos cuando viene al asunto de escoger por cosas que interfieren con nuestra eternidad: ¿Qué precio tiene mi alma? Y esto se puede referir tanto a las decisiones que tomemos para confesar nuestra fe, como también, para las relaciones que decidimos tener.

Ahora, habrán personas que dirán: ¿Tanto importan las relaciones que decido tener, que hasta definen mi propia salvación? Y la respuesta es: Sí. Esto dijo el propio Señor: No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa. El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará. Mateo 10:34-39. ¿Qué significa esto? Que finalmente Cristo debe ser el que tome el primer lugar en nuestras vidas. Si tenemos que elegir entre un ser querido que rehúsa seguir a Cristo y el Señor, la elección siempre debe ser por el Señor, sea la relación que sea, nos cueste lo que nos cueste. Nuestro primer amor, nuestra prioridad, siempre debe ser el Señor, si deseamos alcanzar la vida eterna y tener acceso al eterno reino de Dios. Vemos las relaciones que tuvo y hasta defendió el Apóstol Pablo, personas que realmente se convirtieron al Señor, que cambiaron, y que estaban dedicando sus vidas para el servicio del Señor. Epafras, Marcos, Aristarco, Demas, y Lucas eran todas personas totalmente dedicadas al Señor, e inclusive habían hasta sufrido prisión por su fe en Cristo. Estas eran las relaciones que Pablo tenia, hasta este Filemón a quien le escribía, intercediendo por Onésimo que una vez fue ladrón y hasta le robo a Filemón, pero que se había convertido y dejado sus malos caminos atrás para seguir al Señor.

Ahora bien, ¿con quienes son lo que debemos tener cuidado y tomar distancia? Esto dice la Palabra: Os he escrito por carta, que no os juntéis con los fornicarios; no absolutamente con los fornicarios de este mundo, o con los avaros, o con los ladrones, o con los idólatras; pues en tal caso os sería necesario salir del mundo. Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis. Porque ¿qué razón tendría yo para juzgar a los que están fuera? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro? Porque a los que están fuera, Dios juzgará. Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros. 1 Corintios 5:9-13. Los que seguimos al Señor debemos hacer tal como el Señor hizo. El Señor les dio la oportunidad a las personas de conocer el Evangelio, de saber el camino a la salvación, a todos los pecadores, y por eso que El les hablaba, para que se convirtiesen, pero no para seguir una relación con personas que no querían creer. Y este es el problema que hay hoy en el pueblo de Dios, que siguen teniendo relaciones con personas que no desean convertirse, con personas que conocen la verdad, pero prefieren seguir enlodados en el pecado, y justifican retener esas relaciones porque son seres queridos, sean familiares o amistades. Y eso no puede ser, sea la relación que sea. Hay tal cosa como el pecado de cohecho, o sea, que una persona apoye el pecado de otra persona por virtud de que sigue con ellos, hagan lo que hagan. Esto dice la Palabra: Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no solo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican. Romanos 1:28-32. Si retienes una relación con una persona que rehúsa arrepentirse, y que conoce el juicio de Dios, también serás tomado tan culpable como ellos, porque con retener esa relación, estas aprobando lo que hacen. Esto dice la Palabra: ¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. Santiago 4:4. Así que, si un llamado creyente sigue teniendo una relación con una persona que vive en la práctica del pecado, conociendo la verdad, también se constituye enemigo de Dios, porque esa persona desea seguir en el mundo, y en los caminos del mundo conscientemente. Entonces, ¿Acaso un enemigo de Dios puede heredar o entrar en el reino de Dios? No. Es imposible. Tus relaciones finalmente determinan que eres y lo que realmente crees. Así que, la pregunta es sencilla, ¿Quién eres? ¡Qué el Señor les bendiga! John

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El Señor está mirando - Efesios 5:15 - 6:9

Basado en Efesios 5:15 - 6:9 (Versión Reina Valera 1960)  

Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor. No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Someteos unos a otros en el temor de Dios. Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia. Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido. Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra. Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor. Siervos, obedeced a vuestros amos terrenales con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo; no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios; sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres, sabiendo que el bien que cada uno hiciere, ese recibirá del Señor, sea siervo o sea libre. Y vosotros, amos, haced con ellos lo mismo, dejando las amenazas, sabiendo que el Señor de ellos y vuestro está en los cielos, y que para él no hay acepción de personas.

En esta vida, tenemos todos tipos de relaciones, sean relaciones personales, o relaciones de trabajo, o hasta relaciones temporales, como cuando vamos a una tienda a comprar comida, o cuando vamos al trabajo la mayoría de los días de la semana, con los que conducen alrededor de nosotros, o van caminando al lado de nosotros. Hay relaciones que durarán toda una vida, y hay relaciones que durarán minutos o hasta segundos, pero todos tenemos todo tipo de relaciones con distintas personas. Hasta en este mundo tan cibernético que vivimos hoy en día, se hacen relaciones o vínculos con personas conocidas, y con personas totalmente desconocidas a través de las redes sociales. Finalmente, el ser humano no puede evitar tener relaciones con sus semejantes, sean con muchos o con muy pocos, siempre va a haber algún tipo de relación con alguien.

En el pasaje de hoy, vemos ciertos ejemplos que nos da la Palabra para saber lidiar con algunas de estas distintas relaciones. Vemos que nos habla como debemos actuar con otros creyentes, en el matrimonio, entre padres e hijos, y con nuestras relaciones de trabajo. Vemos que, dependiendo de la relación, debe haber edificación, amor, sujeción, honra, obediencia, respeto, y trato decente. En cada situación, hay algo primordial que debe suceder. Entre hermanos o creyentes en Cristo, debe haber edificación y sometimiento. Entre un matrimonio, el hombre debe amar a su esposa, y la esposa debe someterse a su esposo. Debo aclarar, ¿el amar a una esposa consta de malcriarla? No. Dios nos ama y debemos ver en que consiste el amor a través de lo que El hace con nosotros, y no de lo que se nos ocurre hacer a nosotros. Y también, ¿El sujetarse a un esposo significa que debe hacer todo lo que le pida? Tampoco. En la sujeción no hay implicación ni de abuso, ni aún menos, seguir a otra persona en cosas que no agradan a Dios. Así que, ni en el amor del uno con el otro, ni en la sujeción del uno con el otro, hay lugar ni para el aprovechamiento, o la manipulación, o el abuso, o nada que se le asemeje. Está muy claro que el modelo para el matrimonio es Cristo y su iglesia. Entre padre e hijos, los hijos deben honrar a sus padres, lo cual no consiste tampoco en hacer cosas que van en contra del Señor, pero sí en obediencia, y también en cuidado. Y porque uno se casa no quiere decir que debe abandonar a sus padres, porque la honra es por toda la vida. El matrimonio no debe interferir en nada en cuanto a honrar a los padres como muchos tienen por costumbre hoy en día. Y claro, los padres deben criar a sus hijos como Dios también lo hace con nosotros, especialmente en consejo, y Dios no malcría, ni deja que un hijo haga como le parezca. Y ¿Qué podemos decir entre amos y siervos, o jefes y supervisores y empleados? Y el que es dueño de un negocio, si lo lleva bien, es siervo de muchos amos, porque cada cliente es su amo.

Y todo esto nos lleva a lo más importante, a la razón que debemos tener para hacer todo en esta vida, en especial, si deseamos realmente conseguir la vida eterna y las recompensas que solo Dios puede dar. Sobre cada relación, sea la que sea, debemos siempre tener en mente que Dios es el que está mirando, y que nos va a juzgar según hagamos. En eso consiste la verdadera fe: en que Dios existe, y que El es quien es, y que debemos hacer como El dice, nos cueste lo que nos cueste, porque El finalmente juzgará a cada uno de nosotros, especialmente a los que decimos creer en El. La verdadera fe no consta de nada más. Esto dice la Palabra: Por tanto procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables. Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo. 2 Corintios 5:9-10. Hay algo que todos debemos tener muy claro, y eso es que Dios nos hizo y nos salvó para que le sirvamos, para hacer Su voluntad. Esto dice la Palabra: No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Mateo 7:21. Algunos pensarán: Soy hijo de Dios, y eso me hace salvo. Y sí, el ser hijo de Dios nos dá la salvación, pero un hijo que no hace la voluntad del Padre no heredará la vida eterna. Si uno se considera hijo de Dios, entonces debe vivir para servir al Padre tal como Cristo lo hizo. Esto dice la Palabra: Entonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a su compañero; y Jehová escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Jehová, y para los que piensan en su nombre. Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día en que yo actúe; y los perdonaré, como el hombre que perdona a su hijo que le sirve. Entonces os volveréis, y discerniréis la diferencia entre el justo y el malo, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve. Malaquías 3:16-18. Nuestra fe consta de servir a Dios, de hacer Su voluntad, de dedicarnos a Sus negocios, y no a los nuestros. Dios está mirando todo y nos juzgará según nuestras obras. Así que, ¿vives atentamente tu vida consiente de que Dios te está mirando, y que te juzgará según todas tus intenciones y hechos, algún día? ¡Qué el Señor les bendiga! John

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Amando al Señor - Lucas 18:18-30

Basado en Lucas 18:18-30 (Versión Reina Valera 1960)  

Un hombre principal le preguntó, diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino solo Dios. Los mandamientos sabes: No adulterarás; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre. Él dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. Jesús, oyendo esto, le dijo: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme. Entonces él, oyendo esto, se puso muy triste, porque era muy rico. Al ver Jesús que se había entristecido mucho, dijo: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios. Y los que oyeron esto dijeron: ¿Quién, pues, podrá ser salvo? Él les dijo: Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios. Entonces Pedro dijo: He aquí, nosotros hemos dejado nuestras posesiones y te hemos seguido. Y él les dijo: De cierto os digo, que no hay nadie que haya dejado casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios, que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna.

El mensaje de hoy es el más sencillo que puede haber, tan sencillo que hasta un niño lo puede entender, pero a la misma vez, es el más difícil de poder vivir porque pone al hombre en la encrucijada, de escoger entre amar a Dios más allá de todo lo demás. La gran mayoría de las personas fallan en su fe precisamente por este asunto, y no llegarán a entrar en el reino de Dios precisamente porque no pueden llegar a lo que tienen que llegar, a lo que Dios demanda de cada persona, porque Dios sí tiene una demanda. El asunto es que a pesar de que la salvación es totalmente gratuita, porque no se puede comprar ni trabajar por ella, sino que solo es por gracia, no obstante, el lograr entrar en el reino de Dios sí tiene un precio, y esto es lo que está tratando el Señor. Hay una obra (porque indudablemente consiste de acción) que deber haber en nuestra vida sobre toda obra, sobre todo lo que pueda existir, y es: el amar a Dios por sobre todas las cosas.

Hay cosas muy profundas en este pasaje, en sus detalles, que nos llevan a entender lo que debe suceder en cada persona, si desea legítimamente llegar a heredar u obtener la vida eterna. El asunto comienza con la pregunta que hace este hombre principal: ¿qué haré para heredar la vida eterna? La palabra que usó tiene que ver con una acción, y la acción es una obra. Su pregunta es muy sencilla, pero también, increíblemente profunda. Lo más interesante del asunto es que el Señor le corrige el llamarle bueno, y que Dios es el único bueno, pero no le dice nada al respecto de corregirle el concepto de la obra. El Señor no le dice: Hombre, la vida eterna no consiste de obras. Y aún más peculiarmente, por decir, el Señor lo lleva a recordar la ley, a los Diez Mandamientos. Cualquiera que hoy en día que cree que la salvación es solo por la fe y la gracia de Dios diría que el Señor está equivocado en apuntar hacia la ley, pero tenemos que decir que el Señor Jesucristo no está equivocado, sino más bien, los que han cambiado el verdadero camino a la salvación, los que han convertido el seguir a Cristo en una religión hueca, sin fruto, y sin valor. Han convertido lo verdadero en algo intangible, y por eso es que tenemos lo que tenemos hoy en día, un grande grupo de personas que creen que tendrán la vida eterna solo porque dicen algunas palabras y profesan tener algún tipo de creencia, pero sin ningún tipo de sustancia en sus vidas, finalmente, sin la obra que debe haber en cada uno que desea realmente heredar o entrar en el reino de Dios. Y el Señor viendo que este hombre si ha cumplido mucho de la ley, lo lleva al fundamento de la ley, a la razón, para comenzar, porque existe la ley, al primer mandamiento. Escrito esta: Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas. Deuteronomio 6:4-9. Este es el todo de la ley porque es el fundamento para toda la ley. Y el propio Señor reitero este punto y lo volvió a establecer como el primer mandamiento, como también está escrito:  Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Marcos 12:29-30. Por lo tanto, el que diga que la ley ya no aplica, y que no hay que hacer nada más después de una supuesta decisión, con todo respeto, esta abismalmente muy equivocado. Porque el Señor también dijo: No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. Matthew 5:17-18.

Y para reforzar más el asunto, el Señor hizo estas declaraciones y aclaraciones, para que nos quede muy claro este asunto de que debemos cumplir la ley, el primer mandamiento, el amar (acción, obra) a Dios sobre todas las cosas: No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa. El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará. Mateo 10:34-39. Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar. ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz. Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo. Lucas 14:25-33. Por eso, la única persona que heredará la vida eterna es la persona que vive este concepto: Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos. Romanos 14:8. ¿Por qué Dios exige esto? Porque es justo. El nos creó, nos hizo, nos dá el aliento y la vida, el palpitar de nuestros corazones, y a través de Cristo, nos da la vida eterna, sin que la merezcamos, sin ningún tipo de obligación, librándonos así del infierno eterno. A El le debemos todo. Entonces, el asunto es muy sencillo: ¿Amás al Señor como se lo merece para poder tener la vida eterna que El solo puede dar? ¡Qué el Señor les bendiga! John

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La injusticia en contra de Dios - Juan 15:18-25

Basado en Juan 15:18-25 (Versión Reina Valera 1960)  

Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece. Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra. Mas todo esto os harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado. Si yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa por su pecado. El que me aborrece a mí, también a mi Padre aborrece. Si yo no hubiese hecho entre ellos obras que ningún otro ha hecho, no tendrían pecado; pero ahora han visto y han aborrecido a mí y a mi Padre. Pero esto es para que se cumpla la palabra que está escrita en su ley: Sin causa me aborrecieron.

La justicia es algo que de alguna manera u otra todos anhelamos. Todo ser humano desea que sean justos con ellos, sin excepción. Hasta los seres más despreciables e injustos desean que los demás sean justos con ellos. ¿Cómo sé esto? ¿Creen que al mentiroso le gusta que le mientan? ¿Creen que al ladrón la agrada que le roben? ¿Al adultero le gusta que lo engañen? Creo que van entendiendo, que, en fin, a nadie, especialmente a aquellos que le hacen el mal a los demás no les gusta que les hagan males a ellos. Y si es así el asunto, ¿Por qué entonces las personas le hacen cosas a los demás que no les gusta que se las hagan a ellas?

Para poder responder a esta pregunta, hay que entender que algo existe, que existe tal cosa como el pecado. No hay otra causa por lo cual una persona le hace daño a otro ser. No hay otra explicación. Entonces, ¿de dónde proviene el pecado? La Palabra de Dios lo explica de esta manera: Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad… 2 Tesalonicenses 2:7a. La iniquidad es un misterio para nosotros. Un misterio, no es algo que no tenga explicación. Existe una explicación, pero la respuesta no la tenemos porque va más allá de nuestras capacidades al momento. No obstante, porque no sabemos la exactitud de donde salió algo, no quiere decir que no exista. Hay tantas cosas que el ser humano no comprende, ni desea creer, pero son, sin importar si lo quieran creer o aceptar. La realidad es la realidad. Dios es Dios no importa si el ser humano lo quiera aceptar o no. Dios creo todo, lo quieran aceptar o no. Si desean creer que todo esto es un resultado de un accidente cósmico, y que todos venimos de los primates, eso no lo hace verdad. Entonces, pase lo que pase, quieran creer lo que quieran creer, se sepa o no su origen, el pecado existe y es muy visible su existencia porque su efecto final es la muerte, como está escrito: Porque la paga del pecado es muerte… Romanos 6:23a. Por eso que cada uno de nosotros, sin excepción, morirá algún día.

Este es otro asunto que revela que, sí sabemos, sin excepción, que el pecado existe, porque cada persona tiene una conciencia. Cada ser humano nace con una conciencia, con algo dentro de sí que le dice cuando está haciendo el mal, o peca. Esto vemos por ejemplo en las Escrituras: Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más. Juan 8:3-11. Cada una de estas personas, los escribas y los fariseos, incluyendo la adultera, tenían una conciencia, sin excepción. Y fueron acusados todos por sus conciencias, especialmente los que vinieron a tentar al Señor. Ellos sabían que lo que estaban haciendo era malo, porque para comenzar, faltaba un personaje en la escena, la otra persona con quien estaba adulterando la mujer. La ley es muy clara en esto, como está escrito: Si un hombre cometiere adulterio con la mujer de su prójimo, el adúltero y la adúltera indefectiblemente serán muertos. Levíticos 20:10. ¿Dónde estaba el adultero? Entonces, sus conciencias los acusó de engaño, de mentira, y de la injusticia de querer castigar a un solo culpable, y por supuesto, todo con el fin de tratar de tentar a Dios mismo con pecado, sobre pecado. Entonces, toda persona sabe cuándo hace el mal. Puede que varios, y ahora más que nunca, han tratado de cauterizar sus conciencias, porque, aunque saben lo que es malo, prefieren amar la maldad que hacer el bien. Y esto nos lleva al punto principal.

Ya sabemos que, por alguna razón u otra, la gran mayoría escoge hacerle mal a su prójimo, y muchas veces, hasta sin razón. Pero ¿a Quién es que se le hace más injusticia, y especialmente sin ningún tipo de razón? A Dios. El hombre en general hace la más grande injusticia en contra de Aquel que no se merece ninguna injusticia. Muchos le asignan la culpa del pecado a Dios, y Dios no es responsable porque todos hemos escogido por el pecado. Dios permitió que existiera el pecado, para que exista la habilidad de poder escoger, porque le dió a todo ser, comenzando por los ángeles, libre albedrio. Este misterio de iniquidad existió antes del propio diablo, pero no porque existiera, quería decir que tenía que escoger por aquello. El diablo o Satanás, o Lucero, como antes era conocido, no tenía que rebelarse en contra de Dios, pero escogió hacerlo. Los demonios, o los ángeles caídos, un tercio de las huestes celestiales, no tenían que escoger seguir al diablo en su maldad, pero lo hicieron. Adán y Eva no tenían que comer del fruto prohibido, pero escogieron desobedecer y pecar en contra Dios y contra sí mismos, y gracias a eso, tenemos lo que tenemos hoy. Y claro está, todos tenemos de alguna manera u otra los males que tenemos, sea por el pecado nuestro, o por el pecado de los que nos rodean, o por el pecado de los que nos precedieron, pero el pecado es culpable por el pecado de la creación, y no por Dios. ¿Qué mal hizo Dios? ¿Crearnos? ¿Darnos libre albedrio? ¿Darnos la habilidad de vivir y existir? Y ahora, ¿Darnos la oportunidad de tener la vida eterna a través del sacrificio de Su Unigénito Hijo en la cruz? ¿De qué mal podemos acusar a Dios? No obstante, se le paga Su bondad con maldad, con rebelión, y hasta con odio al Ser que solo nos ha hecho el bien. El vacío que siente el incrédulo en su corazón no es solo la falta de Dios, sino su conciencia acusándole que está pecando en contra de Dios, al no reconocerle como lo que El es, y al no tratar de reconciliarse con el Único que le hecho todo el bien posible. Por eso dice el Señor: Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio. Hechos 3:19. Te exhorto a practicar este simple concepto, primero para con Dios y después con tu prójimo: Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos. Lucas 6:31. Se justo con Dios y con tu prójimo. Así que ¿seguirás siendo injusto con Dios y con tu prójimo, y así buscando tu propia perdición eterna? O, ¿buscarás del Señor y amarle como se lo merece, para obtener la vida eterna? ¡Qué el Señor les bendiga! John

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El candelero de oro - Éxodo 37:17-24

Basado en Éxodo 37:17-24 (Versión Reina Valera 1960)  

Hizo asimismo el candelero de oro puro, labrado a martillo; su pie, su caña, sus copas, sus manzanas y sus flores eran de lo mismo. De sus lados salían seis brazos; tres brazos de un lado del candelero, y otros tres brazos del otro lado del candelero. En un brazo, tres copas en forma de flor de almendro, una manzana y una flor, y en otro brazo tres copas en figura de flor de almendro, una manzana y una flor; así en los seis brazos que salían del candelero. Y en la caña del candelero había cuatro copas en figura de flor de almendro, sus manzanas y sus flores, y una manzana debajo de dos brazos del mismo, y otra manzana debajo de otros dos brazos del mismo, y otra manzana debajo de los otros dos brazos del mismo, conforme a los seis brazos que salían de él. Sus manzanas y sus brazos eran de lo mismo; todo era una pieza labrada a martillo, de oro puro. Hizo asimismo sus siete lamparillas, sus despabiladeras y sus platillos, de oro puro. De un talento de oro puro lo hizo, con todos sus utensilios.

El candelero del tabernáculo tiene muchos significados, cosas que son muy profundas, aún en sus detalles. Pero no sería muy buena idea profundizar en los detalles porque muchas veces nos enfocamos tanto en los detalles que perdemos de vista lo principal, lo esencial, lo que más importa y que nos incumbe. Hay muchas personas que se enfocan tanto en los detalles irrelevantes, que pierden de vista la verdad y terminan por dejar a un lado lo obvio de Dios y lo necesario para sus vidas. O sea, es como enfocarse en el dedo de una persona que apunta hacia el cielo, que, si uno solamente pone la mira en eso, pierde de vista toda la gloria celestial a la cual está apuntando. Por eso que a veces, es bueno ver detalles, pero también, a veces no merita la pena porque hay cosas que son mucho más apremiantes a nuestras personas.   

En referencia al candelero, sí, veremos ciertos aspectos, o hasta cosas posiblemente obvias que importan demasiado en el esquema total, y aplican a nuestra persona indudablemente. Lo primero es que el propósito del candelero era de dar luz a los que entraban en el lugar donde estaba situado, cuyas personas eran muy limitadas y específicas, porque después que fue hecho y puesto en su lugar, casi nadie podía verlo porque estaba en el lugar santo del tabernáculo, y solo los sacerdotes lo veían. Lo segundo que lo que lo hacía muy único era que fue hecho de oro puro. No fue hecho como muchas otras cosas del propio templo que fueron cubiertas en oro. El candelero se esculpió de un pedazo de oro puro, labrado a martillo. Y lo tercero era que el candelero tenía 7 brazos, o sea, 3 ramas a cada lado del brazo del centro, y con el brazo de centro eran 7 en total, lo cual simboliza el número de divinidad.

Ahora bien, ¿Qué entonces simbolizaba este candelero tan especial y único, el menora como se le llama en hebreo? Sencillamente era una representación de Dios mismo, porque tenía el numero divino en sus brazos, porque era de oro puro, Santo, y porque Dios es la luz eterna. Esto dijo el propio Señor: Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Juan 8:12. Entonces, ¿Qué es el propósito obvio del Señor para el mundo? El es el que alumbra con Su luz al mundo entero, más allá de lo físico y perdurable, lo cual también depende de Su Persona, como está escrito: Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten. Colosenses 1:15-17. El es la Luz de la vida, de la eternidad, de la razón y la sabiduría, de la justicia, y todas las cosas que pueden ser consideradas como luz divina. Su luz es única en todo el universo. Ni siquiera la estrella más grande se puede comparar a la luz de Dios, especialmente lo que significa para nosotros. Si una persona no tiene la luz de Dios en su vida, aunque pueda ver físicamente, sigue en oscuridad espiritual aparte de Dios, no vera la vida eterna. Si una persona muere sin Dios dentro de sí, será condenado a la oscuridad eterna después del gran juicio donde no quedará ni la memoria de su existencia. Sera como si nunca hubiera existido.  

¿Qué otra cosa pudiéremos ver a través de esto? Que este candelero o menora también aparece en el Nuevo Testamento, en el libro del Apocalipsis. Pero en esta ocasión, viene a ser símbolo de las 7 iglesias del Apocalipsis, como está escrito: …Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último. Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asia: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea. Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro, y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro. Apocalipsis 1:11-13. Y ¿Quiénes son los que componen estas iglesias? Nosotros. Lo increíble del asunto es que el simbolismo del candelero comienza con Dios, con alguien Supremo y Santo, y termina con personas imperfectas y no puras como nosotros. Esto dijo aún más el propio Señor, con referencia a la luz: Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. Mateo 5:14-16. Entonces, ¿Cómo puede ser esto?

El amor, los designios, y las intenciones de Dios son realmente un misterio. ¿Cómo un Ser tan único pudiera querer convertir cosas o seres tan imperfectos, limitados, y con tan poco valor como nosotros en algo como El? Esto es una de esas cosas que sencillamente debiéramos apreciar, agradecer, y buscar corresponder a tal amor y bondad. No hay una lógica que puede ayudarnos a entender tales cosas, y por eso que tenemos la bendición de la fe. La fe nos ayuda a aceptar y apreciar tales cosas, y también, a través de esa misma fe, poder llegar a ser lo que El quiere hacer de nuestras vidas. El quiere hacernos tan precioso y únicos como ese candelero, para mostrar Su luz al mundo entero, para que, a través de nosotros, el mundo pueda conocerle, y así seguir perpetuando Su misericordia de generación en generación hasta que El decida que todo esto necesita terminarse y proseguir al universo eterno que El tiene preparado para aquellos que le aman. Entonces, ¿Qué nos debiera enseñar esto? Que necesitamos de El para poder convertirnos a Su semejanza, considerando que nos está dando la oportunidad a algo que antes de Cristo era imposible. La cruz de Cristo rompió el velo del templo para hacer totalmente accesible lo que era antes tan sagrado e inaccesible, de un candelero que solo podían ver ciertos hombres, a convertirnos a nosotros en parte de ese eterno candelero que está diseñado para dar la luz de Dios a todo el mundo, a toda criatura, por toda la eternidad, algo que nunca se apagará ni dejará de ser, solo por el poder y la misericordia de Dios. Entonces, ¿sigues en oscuridad eterna, o serás parte de la luz eterna de Dios? ¡Qué el Señor les bendiga! John

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Es necesario permanecer - 2 Pedro 2

Basado en 2 Pedro 2 (Versión Reina Valera 1960)  

Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme. Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio; y si no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de los impíos; y si condenó por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza y poniéndolas de ejemplo a los que habían de vivir impíamente, y libró al justo Lot, abrumado por la nefanda conducta de los malvados (porque este justo, que moraba entre ellos, afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos), sabe el Señor librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio; y mayormente a aquellos que, siguiendo la carne, andan en concupiscencia e inmundicia, y desprecian el señorío. Atrevidos y contumaces, no temen decir mal de las potestades superiores, mientras que los ángeles, que son mayores en fuerza y en potencia, no pronuncian juicio de maldición contra ellas delante del Señor. Pero estos, hablando mal de cosas que no entienden, como animales irracionales, nacidos para presa y destrucción, perecerán en su propia perdición, recibiendo el galardón de su injusticia, ya que tienen por delicia el gozar de deleites cada día. Estos son inmundicias y manchas, quienes aún mientras comen con vosotros, se recrean en sus errores. Tienen los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar, seducen a las almas inconstantes, tienen el corazón habituado a la codicia, y son hijos de maldición. Han dejado el camino recto, y se han extraviado siguiendo el camino de Balaam hijo de Beor, el cual amó el premio de la maldad, y fue reprendido por su iniquidad; pues una muda bestia de carga, hablando con voz de hombre, refrenó la locura del profeta. Estos son fuentes sin agua, y nubes empujadas por la tormenta; para los cuales la más densa oscuridad está reservada para siempre. Pues hablando palabras infladas y vanas, seducen con concupiscencias de la carne y disoluciones a los que verdaderamente habían huido de los que viven en error. Les prometen libertad, y son ellos mismos esclavos de corrupción. Porque el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció. Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero. Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado. Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno.

Si entendiéramos bien este pasaje, y que está escrito para los creyentes, entenderíamos que hay que tener mucho cuidado con el desvío o la apostasía, porque nadie esta libre de caer. Hay muchos que creen y hasta predican que una persona, a la hora que aceptó a Cristo, ya no tiene nada mas de que preocuparse. Pero, eso no es así. Si uno a llegado a Cristo, o ha nacido de nuevo, como lo explicó el propio Señor, ese es solo el comienzo de un largo viaje. No es cuestión de aceptar a Cristo, y nada más, porque por desgracia, eso es parte del desvío que existe hoy en día en muchos lugares. Para poder ser salvo y obtener la vida eterna que Dios tiene para los que le aman, es necesario permanecer.

El primer problema que puede surgir con un creyente que toma la salvación como algo seguro, o como algo que no depende de su propia decisión de permanecer, ahí está precisamente el asunto, al confiarse, al no tener cuidado con lo que escucha o sigue, porque el diablo esta siempre dedicado a hacer caer precisamente a los creyentes. El creyente es el que mas propenso esta al ataque del enemigo. ¿Cómo puedo decir esto? Muy fácil. Si el diablo trató de tentar al Señor mismo muchas veces mientras estaba en esta tierra, ¿cómo no va a tratar de tentar a uno de nosotros? Y ¿creen que trato de tentar al Señor en vano? El diablo tentó al Señor porque el Señor podía escoger. El diablo no es estúpido. El asunto es que Dios nunca quita el libre albedrio. El Señor era libre para hacer como El quisiera, de ceder al enemigo, o de seguir los designios del Padre. Como leímos, los ángeles también tienen libre albedrio porque, aunque estaban en su estado sin pecado, cayeron, y siguieron al diablo. Y también, como está escrito, estos falsos profetas y maestros surgen (y seguirán surgiendo) del pueblo de Dios que se desvía de la verdad, por no permanecer. Porque, ¿Qué dice de estos? Que: …aún negarán al Señor que los rescató. ¿A quién rescató (sentido pasado) el Señor? ¿Al incrédulo? No. Aquí habla de personas convertidas que cayeron en la tentación, y se volvieron en agentes del mal, por ceder a sus concupiscencias y al pecado que todavía moraba en ellos. Porque también dice: Han dejado el camino recto, y se han extraviado siguiendo el camino de Balaam hijo de Beor, el cual amó el premio de la maldad… Así que, el convertido si puede caer, porque, aunque se haya convertido, siempre es libre para escoger, porque Dios no fuerza a nadie. Todo esta basado en el amor, y en el amor, no hay obligación. Hay personas que desgraciadamente, por su deseo mas fuerte al mundo y al pecado, se dejan seducir por el error, y terminan conformándose con las migajas ilusionarías de este mundo.

Por eso es que no hay que confiarse, y tenemos que cuidar de nuestra salvación, eligiendo siempre la voluntad del Padre, celosos por Su Verdad. Esto también dice la Palabra: Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. Juan 15:1-6. Así que, es necesario no solamente convertirse al Señor, pero también, llevar fruto, finalmente, hacer la voluntad del Padre con nuestras vidas, porque esto también dicen las Escrituras: No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad. Mateo 7:21-23. La única manera que entraremos en Su reino es haciendo la voluntad del Padre, pero porque le amamos, y no con otras intenciones. Dios lo sabe todo y juzgará a Su pueblo. Así que, ¿estás permaneciendo fiel en el Señor para lograr obtener Su salvación, o estas dejándote llevar por cosas que lucen como la verdad que alimentan tu carne? ¡Qué el Señor les bendiga! John

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Perseguido por el Evangelio - Hechos 24

Basado en Hechos 24 (Versión Reina Valera 1960)  

Cinco días después, descendió el sumo sacerdote Ananías con algunos de los ancianos y un cierto orador llamado Tértulo, y comparecieron ante el gobernador contra Pablo. Y cuando este fue llamado, Tértulo comenzó a acusarle, diciendo: Como debido a ti gozamos de gran paz, y muchas cosas son bien gobernadas en el pueblo por tu prudencia, oh excelentísimo Félix, lo recibimos en todo tiempo y en todo lugar con toda gratitud. Pero por no molestarte más largamente, te ruego que nos oigas brevemente conforme a tu equidad. Porque hemos hallado que este hombre es una plaga, y promotor de sediciones entre todos los judíos por todo el mundo, y cabecilla de la secta de los nazarenos. Intentó también profanar el templo; y prendiéndole, quisimos juzgarle conforme a nuestra ley. Pero interviniendo el tribuno Lisias, con gran violencia le quitó de nuestras manos, mandando a sus acusadores que viniesen a ti. Tú mismo, pues, al juzgarle, podrás informarte de todas estas cosas de que le acusamos. Los judíos también confirmaban, diciendo ser así todo. Habiéndole hecho señal el gobernador a Pablo para que hablase, este respondió: Porque sé que desde hace muchos años eres juez de esta nación, con buen ánimo haré mi defensa. Como tú puedes cerciorarte, no hace más de doce días que subí a adorar a Jerusalén; y no me hallaron disputando con ninguno, ni amotinando a la multitud; ni en el templo, ni en las sinagogas ni en la ciudad; ni te pueden probar las cosas de que ahora me acusan. Pero esto te confieso, que según el Camino que ellos llaman herejía, así sirvo al Dios de mis padres, creyendo todas las cosas que en la ley y en los profetas están escritas; teniendo esperanza en Dios, la cual ellos también abrigan, de que ha de haber resurrección de los muertos, así de justos como de injustos. Y por esto procuro tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres. Pero pasados algunos años, vine a hacer limosnas a mi nación y presentar ofrendas. Estaba en ello, cuando unos judíos de Asia me hallaron purificado en el templo, no con multitud ni con alboroto. Ellos debieran comparecer ante ti y acusarme, si contra mí tienen algo. O digan estos mismos si hallaron en mí alguna cosa mal hecha, cuando comparecí ante el concilio, a no ser que estando entre ellos prorrumpí en alta voz: Acerca de la resurrección de los muertos soy juzgado hoy por vosotros. Entonces Félix, oídas estas cosas, estando bien informado de este Camino, les aplazó, diciendo: Cuando descendiere el tribuno Lisias, acabaré de conocer de vuestro asunto. Y mandó al centurión que se custodiase a Pablo, pero que se le concediese alguna libertad, y que no impidiese a ninguno de los suyos servirle o venir a él. Algunos días después, viniendo Félix con Drusila su mujer, que era judía, llamó a Pablo, y le oyó acerca de la fe en Jesucristo. Pero al disertar Pablo acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero, Félix se espantó, y dijo: Ahora vete; pero cuando tenga oportunidad te llamaré. Esperaba también con esto, que Pablo le diera dinero para que le soltase; por lo cual muchas veces lo hacía venir y hablaba con él. Pero al cabo de dos años recibió Félix por sucesor a Porcio Festo; y queriendo Félix congraciarse con los judíos, dejó preso a Pablo.

A través de este pasaje, vemos que hay momentos difíciles y muy injustos que se pueden atravesar por el Evangelio. Es muy probable que en algún momento de nuestras vidas suframos por hacer el bien, por cumplir la voluntad de Dios. El que diga que seguir a Cristo es fácil, y que solo consta de prosperidad, de sanidades, y de triunfos en este mundo, o miente, o no tiene idea de lo que se trata realmente el seguir a Cristo. Porque esto mismo dijo el propio Señor: Pero mirad por vosotros mismos; porque os entregarán a los concilios, y en las sinagogas os azotarán; y delante de gobernadores y de reyes os llevarán por causa de mí, para testimonio a ellos. Marcos 13:9. Así que, más tarde o más temprano, habrá siempre algún tipo de persecución por el Evangelio. El Evangelio es gratuito, pero se tiene que pagar un precio por El.  

Pero, es muy probable que muchos dirán al saber esto: ¿Cuál es el incentivo entonces de hacer la voluntad de Dios si es muy probable que suframos por aquello aquí y ahora? Lo que el cristiano tiene que entender, si en realidad quiere ser salvo, es que este mundo es temporal. Este mundo y todo lo que en él hay pasará, y nuestra vida es solo un momento en comparación a la eternidad. Sé que esto se siente como si fuera largo, y que las circunstancias aquí pueden ser muy difíciles con el solo hecho de subsistir, pero, no obstante, todo esto se va a ir algún día. Todo esto terminará. Entonces, si somos lógicos y sabios, ¿Qué debiéramos siempre tener en mente? ¿Dónde pasare la eternidad? ¿Qué pasará conmigo en el gran juicio de Dios? Por eso que el propio Apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, y por su propio convencimiento, escribió esto: Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá. Romanos 1:16-17. La fe es el incentivo principal que debemos tener, la certeza de que, si cumplimos la voluntad de Dios aquí en la tierra, cueste lo que cueste, obtendremos la vida eterna a través de Jesucristo. Tenemos la inmortalidad en nuestras manos si bien le obedecemos a Dios, a pesar de las circunstancias que nos toque vivir. Esto dice la Palabra: No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Mateo 7:21.

Ahora bien, ¿Cómo sabemos que el predicar el Evangelio es necesario? Esto dice la Palabra de Dios: Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad. Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. 1 Timoteo 2:1-4. Dios quiere que todos sepan la Verdad, de por lo menos escucharla, y claro está, porque quiere que todos los hombres sean salvos, sin excepción. Pero ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas! Romanos 10:14-15. Por lo tanto, esto también dice la Palabra: Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras. 1 Pedro 2:11-12. Así que, si deseas obtener la vida eterna, suelta los deseos de la carne, deja el pecado atrás, y sométete al Señorío de Jesucristo, enfrentando cualquier circunstancia por el Evangelio, para que cuando llegue tu momento delante del trono de Dios, que Dios mismo diga: …Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Mateo 25:21b. Así que, ¿deseas vivir bien en este mundo temporal y perder tu alma para siempre, o, decidirás sufrir por estos instantes por el Evangelio, pero después, vivir eternamente gozando de las dadivas que solo el Todopoderoso Rey y Dios del universo puede dar? ¡Qué el Señor les bendiga! John

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La verdadera gratitud y adoración - Salmo 107:1-22

Basado en Salmo 107:1-22 (Versión Reina Valera 1960)  

Alabad a Jehová, porque él es bueno; porque para siempre es su misericordia. Díganlo los redimidos de Jehová, los que ha redimido del poder del enemigo, y los ha congregado de las tierras, del oriente y del occidente, del norte y del sur. Anduvieron perdidos por el desierto, por la soledad sin camino, sin hallar ciudad en donde vivir. Hambrientos y sedientos, su alma desfallecía en ellos. Entonces clamaron a Jehová en su angustia, y los libró de sus aflicciones. Los dirigió por camino derecho, para que viniesen a ciudad habitable. Alaben la misericordia de Jehová, y sus maravillas para con los hijos de los hombres. Porque sacia al alma menesterosa, y llena de bien al alma hambrienta. Algunos moraban en tinieblas y sombra de muerte, aprisionados en aflicción y en hierros, por cuanto fueron rebeldes a las palabras de Jehová, y aborrecieron el consejo del Altísimo. Por eso quebrantó con el trabajo sus corazones; cayeron, y no hubo quien los ayudase. Luego que clamaron a Jehová en su angustia, los libró de sus aflicciones; los sacó de las tinieblas y de la sombra de muerte, y rompió sus prisiones. Alaben la misericordia de Jehová, y sus maravillas para con los hijos de los hombres. Porque quebrantó las puertas de bronce, y desmenuzó los cerrojos de hierro. Fueron afligidos los insensatos, a causa del camino de su rebelión y a causa de sus maldades; su alma abominó todo alimento, y llegaron hasta las puertas de la muerte. Pero clamaron a Jehová en su angustia, y los libró de sus aflicciones. Envió su palabra, y los sanó, y los libró de su ruina. Alaben la misericordia de Jehová, y sus maravillas para con los hijos de los hombres; ofrezcan sacrificios de alabanza, y publiquen sus obras con júbilo.

¿Cuál es la verdadera alabanza y adoración que Dios busca? ¿Serán necesariamente canciones lo que en realidad agrada al Altísimo? ¿Serán palabras bonitas y halagadoras, y música entretenida lo que desea el Señor? ¿Serán los espectáculos que se hacen hoy en distintos lugares con luces, y gritos, y aplausos lo que realmente desea Dios? Si no hay algo genuino en el corazón, si solo son palabras y música, y entretención, Dios lo aborrece, como esta escrito: …Este pueblo de labios me honra; más su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran... Marcos 7:6b-7a. La verdadera gratitud y adoración a Dios se demuestra con cosas que van mucho más allá de lo superficial y pasajero.

Esto es lo que Dios mismo dice lo que realmente desea: Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos. Oseas 6:6. Y esto también dice la Palabra:  Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. 1 Samuel 15:22-23ª. Así que, claramente podemos ver que Dios no necesariamente busca lo que las masas piensan que son manifestaciones de gratitud y alabanza y adoración. Dios desea como adoración la misericordia con el prójimo, que busquemos conocer Quien es El y lo que es Su voluntad. Dios desea obediencia y que le prestemos atención, que finalmente hagamos Su verdadera voluntad, porque esto también esta escrito: No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Mateo 7:21. Esto es muy distinto a lo que se enseña o se demuestra hoy en día en nuestras congregaciones. Por desgracia, hay mucho desvío y confusión, y por eso que tenemos lo que tenemos hoy, un pueblo que ni siquiera está convencido el mismo de la verdad de Dios. Y si el llamado pueblo de Dios no sabe ni practica la verdadera voluntad de Dios, ¿Cómo conocerá el mundo a Dios? Por eso es que no vemos gran diferencia entre la iglesia y el mundo, porque mucho de la iglesia sigue en el mundo, nada mas con un distinto membrete y distintas costumbres.    

Con lo primero que hay que comenzar es con el “porqué” Dios merece una verdadera gratitud y adoración. El es Dios, y no hay nada ni nadie mas alto que El. Esto es lo primero. Lo siguiente debiera ser porque El nos creó, y por Su voluntad es que seguimos vivos. Nada ni nadie puede ni existir ni subsistir sin Dios, como está escrito: Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten. Colosenses 1:16-17. Y esto es muy importante entender y creer, porque si no estas vivo, entonces no puedes llegar a conocer el valor de lo siguiente, de que Dios nos dió la oportunidad de tener la vida eterna, por Su gracia, a través de Su sacrificio, a través de la muerte y la resurrección del Señor Jesucristo, lo cual es lo culminativo del porqué El merece toda nuestra gratitud y adoración. Si una persona no esta plenamente convencida de estas razones, temo decir que todavía no conoce a Dios y no sabe lo que realmente es la fe. El Señor merece todo porque sin El, nada tendríamos y nada seriamos, y aún más, si no fuere por Su salvación, nuestro destino sería el infierno donde solo hay oscuridad, sufrimiento, soledad, y dolor eterno. Por eso es que, si una persona no aprecia las cosas que Dios ha hecho, y esta mas enfocada en si misma y en otras cosas, sigue en ese camino hacia el infierno.

Entendamos una cosa. El Señor Jesucristo es nuestro modelo para seguir, y El cumplió la voluntad de Dios a la perfección. Y ya que es así, veamos Su vida, y lo que hizo, o mas bien, lo que nunca hizo, (porque se nos dejo escrito lo que necesitamos saber, así que, no hay ni necesidad, ni razón para especular de lo que hizo o no hizo el Señor). ¿Está escrito que el Señor canto alabanzas con las masas? ¿Está escrito que se hizo alguna vez un concierto de música? ¿Esta escrito de que el Señor le haya dicho a Sus discípulos: Es necesario que le enseñen al mundo como cantar a Dios, y como saber tocar instrumentos para honrarle? Sencillamente nunca paso, y si nunca paso, ¿Qué estamos haciendo entonces nosotros? No digo que el cantar y alabar a Dios es malo, pero, no es lo que Dios realmente busca y desea, no es Su prioridad, bajo ningún punto. Y si no es Su prioridad, ¿porque se ha hecho una prioridad, y se le ha dado tanta preeminencia? ¿Por qué se ha convertido en el foco de la gran mayoría de las congregaciones? Hasta lo que yo sé, Cristo debe seguir siendo nuestro modelo.

Esto dice la Palabra cuando tiene que ver con las cosas que debemos estar haciendo: En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros. 1 Juan 4:10-11. Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Aquel, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás. Lucas 10:25-28. Entonces, si quieres realmente agradecerle al Señor y adorarle como se lo merece, amaló con todo lo que eres, y ama a tu prójimo como a ti mismo, y el amor se demuestra con hechos, no con palabras. Así que, ¿vives una vida que demuestra plenamente tu agradecimiento y adoración al Señor? ¡Qué el Señor les bendiga! John

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La moralidad sexual - Deuteronomio 22:13-30

Basado en Deuteronomio 22:13-30 (Versión Reina Valera 1960)  

Cuando alguno tomare mujer, y después de haberse llegado a ella la aborreciere, y le atribuyere faltas que den que hablar, y dijere: A esta mujer tomé, y me llegué a ella, y no la hallé virgen; entonces el padre de la joven y su madre tomarán y sacarán las señales de la virginidad de la doncella a los ancianos de la ciudad, en la puerta; y dirá el padre de la joven a los ancianos: Yo di mi hija a este hombre por mujer, y él la aborrece; y he aquí, él le atribuye faltas que dan que hablar, diciendo: No he hallado virgen a tu hija; pero ved aquí las señales de la virginidad de mi hija. Y extenderán la vestidura delante de los ancianos de la ciudad. Entonces los ancianos de la ciudad tomarán al hombre y lo castigarán; y le multarán en cien piezas de plata, las cuales darán al padre de la joven, por cuanto esparció mala fama sobre una virgen de Israel; y la tendrá por mujer, y no podrá despedirla en todos sus días. Mas si resultare ser verdad que no se halló virginidad en la joven, entonces la sacarán a la puerta de la casa de su padre, y la apedrearán los hombres de su ciudad, y morirá, por cuanto hizo vileza en Israel fornicando en casa de su padre; así quitarás el mal de en medio de ti. Si fuere sorprendido alguno acostado con una mujer casada con marido, ambos morirán, el hombre que se acostó con la mujer, y la mujer también; así quitarás el mal de Israel. Si hubiere una muchacha virgen desposada con alguno, y alguno la hallare en la ciudad, y se acostare con ella; entonces los sacaréis a ambos a la puerta de la ciudad, y los apedrearéis, y morirán; la joven porque no dio voces en la ciudad, y el hombre porque humilló a la mujer de su prójimo; así quitarás el mal de en medio de ti. Mas si un hombre hallare en el campo a la joven desposada, y la forzare aquel hombre, acostándose con ella, morirá solamente el hombre que se acostó con ella; mas a la joven no le harás nada; no hay en ella culpa de muerte; pues como cuando alguno se levanta contra su prójimo y le quita la vida, así es en este caso. Porque él la halló en el campo; dio voces la joven desposada, y no hubo quien la librase. Cuando algún hombre hallare a una joven virgen que no fuere desposada, y la tomare y se acostare con ella, y fueren descubiertos; entonces el hombre que se acostó con ella dará al padre de la joven cincuenta piezas de plata, y ella será su mujer, por cuanto la humilló; no la podrá despedir en todos sus días. Ninguno tomará la mujer de su padre, ni profanará el lecho de su padre.

Estamos viviendo en un tiempo donde nuestra sociedad está más sexualizada que nunca. La verdad es que todo hoy en día envuelve sexo, y de tal manera que muchas personas son hasta incapaces de tener relaciones platónicas. Luce que la única manera de poder expresar cariño o aprecio por otra persona es a través de un encuentro sexual. Y lo peor del asunto es que no estoy hablando de las personas incrédulas, sino de los llamados creyentes en Dios, los que dicen creer en Dios, estos viven una vida completamente entregada a la inmoralidad sexual, desde los pastores, predicadores, y ministros, hasta las personas más nuevas en la fe, muchos están viviendo gobernados por la inmoralidad sexual. Muchos llamados creyentes están practicando la fornicación y el adulterio a plenitud. Y esto en el pasado era malo delante de los ojos de Dios, y ahora sigue siendo pecado delante de Dios, y aún más, y será vista su práctica como pecado cuando sea Su juicio sobre toda la humanidad.

Como leímos al principio, la inmoralidad sexual, tanto la fornicación (las relaciones sexuales afuera del vínculo del matrimonio) y el adulterio (el engaño dentro del matrimonio) eran altamente sancionadas por Dios. Tal era el asunto para Dios que los que hacían tales cosas tenían que ser muertos. ¿Cuál es la diferencia entre aquel entonces y ahora, bajo la dispensación de la gracia de Dios? Qué, como creyentes, no estamos aquí para apedrear a los que hacen el mal, pero esto sigue siendo pecado delante de Dios. Y puede que no sufra una persona la pena de muerte física aquí en la tierra en manos de los hombres, pero si una persona mantiene este estilo de vida, será condenado a vivir en el infierno por toda una eternidad, si no se arrepiente y se convierte de estos pecados. La penalidad final sigue siendo la misma, si una persona no deja de practicar tales cosas. Lo puede justificar y aplaudir la sociedad todo lo que quiera, pero la sociedad y sus leyes no tienen ninguna potestad en el gran juicio de Dios, y esto es lo que muchos creyentes, o escogen no creer o ignoran voluntariamente. Pero, estén muy seguros, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios, como está escrito: Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. Gálatas 5:19-21. Quieran verlo como lo quieran ver, sea que una persona nunca fue salva, o que perderá la salvación, una persona que practica tales cosas sencillamente no heredará el reino de Dios, o no se le permitirá entrar en Su reino. Porque el único que puede heredar es un hijo, y aquí el pasaje habla de que no “heredarán” el reino de Dios, así que, mediten eso.

¿Qué más dice la palabra de Dios acerca del asunto en el Nuevo Testamento (ya que muchos erróneamente toman el Antiguo Testamento como algo del pasado)? Esto dice la Palabra: Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él. Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca. ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? 1 Corintios 6:17-19. Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. Mateo 5:27-29. Así que, tanto la fornicación y el adulterio, hasta el codiciar a otra persona fuera del matrimonio es condenable delante de Dios, y una persona corre el riesgo de ser condenada eternamente, porque el propio Señor dijo esto mismo: …y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. Entonces, ¿Qué debe hacer el creyente, especialmente dentro de la dispensación de la gracia de Dios? Arrepentirse y convertirse de tales cosas, dejar de hacerlo completamente, dejar de practicarlo, y aún menos, excusar tales pecados. Esto mismo vemos cuando le llevaron al Señor a la mujer adultera para que precisamente fuere apedreada: Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más. Juan 8:7-11. Así que, ¿buscarás hacer la voluntad de Dios con tu vida, o seguirás haciendo cosas que ponen tu salvación en grave peligro? ¡Qué el Señor les bendiga! John

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Los ciegos que escogen seguir siendo ciegos - Juan 9:13-41

Basado en Juan 9:13-41 (Versión Reina Valera 1960)  

Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Y era día de reposo cuando Jesús había hecho el lodo, y le había abierto los ojos. Volvieron, pues, a preguntarle también los fariseos cómo había recibido la vista. Él les dijo: Me puso lodo sobre los ojos, y me lavé, y veo. Entonces algunos de los fariseos decían: Ese hombre no procede de Dios, porque no guarda el día de reposo. Otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas señales? Y había disensión entre ellos. Entonces volvieron a decirle al ciego: ¿Qué dices tú del que te abrió los ojos? Y él dijo: Que es profeta. Pero los judíos no creían que él había sido ciego, y que había recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista, y les preguntaron, diciendo: ¿Es este vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora? Sus padres respondieron y les dijeron: Sabemos que este es nuestro hijo, y que nació ciego; pero cómo vea ahora, no lo sabemos; o quién le haya abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos; edad tiene, preguntadle a él; él hablará por sí mismo. Esto dijeron sus padres, porque tenían miedo de los judíos, por cuanto los judíos ya habían acordado que si alguno confesase que Jesús era el Mesías, fuera expulsado de la sinagoga. Por eso dijeron sus padres: Edad tiene, preguntadle a él. Entonces volvieron a llamar al hombre que había sido ciego, y le dijeron: Da gloria a Dios; nosotros sabemos que ese hombre es pecador. Entonces él respondió y dijo: Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo. Le volvieron a decir: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos? Él les respondió: Ya os lo he dicho, y no habéis querido oír; ¿por qué lo queréis oír otra vez? ¿Queréis también vosotros haceros sus discípulos? Y le injuriaron, y dijeron: Tú eres su discípulo; pero nosotros, discípulos de Moisés somos. Nosotros sabemos que Dios ha hablado a Moisés; pero respecto a ese, no sabemos de dónde sea. Respondió el hombre, y les dijo: Pues esto es lo maravilloso, que vosotros no sepáis de dónde sea, y a mí me abrió los ojos. Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ese oye. Desde el principio no se ha oído decir que alguno abriese los ojos a uno que nació ciego. Si este no viniera de Dios, nada podría hacer. Respondieron y le dijeron: Tú naciste del todo en pecado, ¿y nos enseñas a nosotros? Y le expulsaron. Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es. Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró. Dijo Jesús: Para juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados. Entonces algunos de los fariseos que estaban con él, al oír esto, le dijeron: ¿Acaso nosotros somos también ciegos? Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece.

La ceguera es algo muy difícil y limitante, especialmente si una persona ha sido ciega desde nacimiento. Algunos estudios demuestran que no solamente no tienen ninguna referencia del mundo físico que les rodea en su conciencia, sino también, ya que no pueden ver nada, son muy limitados en sus sueños visuales y en su imaginación. O sea, la ceguera afecta prácticamente todo en su vida, todo lo que tiene que ver con el contenido visual, sea en la conciencia o en la inconciencia. ¿Qué es finalmente lo que no permite que una persona vea? Dos cosas o dos maneras. En lo referente a la ceguera física, es cuando una persona no puede ver porque a sus ojos les falta la capacidad de poder detectar la luz, el poder tener la capacidad de ver como las cosas son definidas visualmente por la luz. Y en lo referente a lo externo, o sea, cuando el asunto está fuera del cuerpo, es cuando una persona no tiene problemas con su vista, pero está en un sitio donde no hay luz, o sea, está en plena oscuridad. Es posible tener buena visión, y estar en un lugar donde no te sirve porque sencillamente no hay nada de luz.

Vemos esta historia de este ciego de nacimiento que sanó el Señor, que tuvo todas las limitaciones que mencionamos antes. Era un hombre que nunca había experimentado la dicha de poder ver como la mayoría de las personas que lo rodeaban, porque la mayoría de las personas podían ver en su tiempo, como también hoy. No obstante, fue un gran milagro físico que hizo el Señor. Pero el milagro se extendió aún más allá, a lo espiritual, a lo que realmente importa. El hombre que era ciego, a través del milagro que recibió, pudo ver al Señor como tal, como Señor, y así, no solo lograr ver lo físico, pero también, pudo obtener el más grande milagro, la visión espiritual o la luz de la salvación.

Ahora bien, el hombre que nació ciego no tuvo la elección de ser ciego cuando nació. O sea, en ningún momento dentro del vientre pudiera haber pensado o dicho: Seria buena idea ser ciego y mendigar para sobrevivir, y tener todo tipo de desventajas en el mundo. Pero, cuando el Señor se le presento, se presentó todo tipo de elecciones. Si leemos un poco antes, se dejó untar en los ojos el lodo hecho por el Señor. También eligió lavarse, tal como el Señor le mando. Y después de eso, escogió sufrir el acoso, el juicio, y hasta la expulsión de los fariseos. El hubiese podido fácilmente, para quedar en paz con los religiosos, haber negado que el Señor le hizo el milagro, pero no lo hizo. ¿Por qué? Porque no solamente escogió valorar lo que le fue hecho, sino escogió valorar más a la Persona que se lo hizo que a los demás que no habían hecho nada por él. ¿Por qué estaba mendigando? Porque hasta sus padres lo dejaron a la deriva. ¿Qué habían hecho los religiosos por él? Nada de lo que podemos ver. El hombre supo escoger, valorar lo que realmente valía la pena, y valoró al Señor como lo más precioso de su propia vida.

Y bueno, muchos dirían: Si Dios me hiciera tal milagro personalmente, yo haría lo mismo. Pero el grave problema es que el Señor hace milagros a cada instante a cada uno de nosotros, y aquí entra la ceguera voluntaria, de la misma ceguera que sufrían los religiosos. Vimos antes que la otra manera que una persona no puede ver nada es si está en un sitio de oscuridad. Y una persona escoge o salir de ese sitio de oscuridad cuando se presenta el Señor, o quedarse en él, igual que estos fariseos. Los fariseos prefirieron honrar más a Moisés (que nunca habían visto en persona, ni conocieron sus hechos en persona), que honrar al Rey de reyes y Señor de Señores que estaba delante de ellos, El cual que no solamente había sanado a las multitudes, pero hasta había resucitado a varios muertos ya en aquel entonces. Hay personas que sencillamente prefieren quedar en la ceguera de que todo se lo deben al Señor, hasta el respirar de sus pulmones, y el latir de sus corazones, y sí, hasta la luz de la mañana que ven todos los días, el mismo que le servirá para juicio si no se arrepienten, como está escrito: Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Romanos 1:20. Y ¿Qué podríamos decir de Su amor a través de la cruz, y de Su resurrección? Todas estas cosas son irrefutables personalmente, si solo existe el deseo de querer ver la Verdad. Así que, ¿Quieres seguir en tu ceguera voluntariamente al permanecer en la oscuridad, o escoger ver y tratar al Señor como lo que El es, y así recibir la luz eterna? ¡Qué el Señor les bendiga! John

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El juicio venidero - Mateo 25:31-46

Basado en Mateo 25:31-46 (Versión Reina Valera 1960)  

Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis. Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis. Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis. E irán estos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.

¿Todos tendremos que dar cuentas ante el trono del Señor al final? El asunto es que sí, que cada persona, no importa de donde sea, quien sea, rico, pobre, de estudio, analfabeto, convertido o incrédulo, absolutamente todos tendremos que dar cuentas delante del trono del Señor por nuestros hechos, sin excepción. Sé que este concepto va en contra de mucho de lo que se enseña en nuestra comunidad cristiana hoy en día, pero finalmente, nos tenemos que guiar por la Palabra de Dios, y no por lo que nos parezca, o por nuestros gustos. Hay mucha evidencia dentro de Su Palabra que nos enseña que todos tendremos que dar cuentas. Y es por eso qué, dedicarse a escuchar cosas agradables y fáciles puede ser un grave error, porque el precio por seguir un error es muy serio, y puede tener consecuencias eternas si permaneces en eso. Si quieres ser sabio, mejor asegúrate que estas en la verdad antes de llevarte una grave sorpresa al final. Temo decir que habrán muchas personas sorprendidas en el juicio final.

¿Qué ideas erradas hay hoy en día? Bueno, para comenzar, hay muchos que piensan que lo único que una persona necesita tener para heredar o obtener entrada al reino de Dios es creer en Dios y nada más. Hay otros que dicen que somos salvos por gracia y nada más, y que las obras no importan, que ya no significan nada. Y hay otros que creen lo opuesto, que lo único que importa es ser una buena persona y hacer buenas obras, y que uno estará bien con eso. Entre los más liberales, hay aquellos que creen que todos somos hijos de Dios, y que el amor de Dios es tan grande que al final, El nos va a perdonar a todos, hagamos lo que hagamos, y creamos lo que creamos. Hay otros que piensan que ya todo esta predeterminado y que no hay nada más que hacer, y que solo hay que seguir el camino trasado, tratando a Dios como cosas del destino. Y la lista es muy larga para tantas otras ideas y cosas que las personas prefieren creer como verdad, y basar su futuro eterno sobre cosas con nada o muy poco fundamento.

Ahora bien, ¿cuál finalmente es la manera que podremos heredar o obtener la vida eterna? Lo primero y más fundamental es: Quien. Muchos ven a Dios como un dios universal, o que todas las religiones llevan al mismo Dios. Y si hablamos de religiones, hay muchas religiones que tienen muchos dioses, no uno solo. Los antiguos griegos y romanos, por ejemplo, eran politeístas, o creían en muchos dioses. Así que, el asunto de que todas las religiones llevan al mismo Dios no puede ser. Lo otro que contradice ese concepto es que, si fuera todo el mismo dios, sería un dios con problemas psicológicos muy grandes, porque sufriría de tener distintas personalidades. ¿Cómo un dios le puede decir a un grupo de personas una cosa, y el mismo dios decirle algo distinto a otro grupo de personas? Sencillamente no puede ser. Y si fuere así, no valdría la pena seguirle porque sería cambiante, caprichoso, e inconstante, en lo más mínimo. Y no se puede confiar en un ser de esa índole. Cuando hablamos de Dios, del Dios judeocristiano, el Dios de Abraham, de Isaac, y de Jacob, estamos hablando de la Santa Trinidad: Dios Padre, Dios Hijo, y Dios Espíritu Santo, como lo dice la Palabra: Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. 1 Juan 5:7.

Cuando entiendes de “Quien” se trata el asunto, entonces todo lo demás comienza a tomar forma y a definirse. Así que, ¿qué tenemos que hacer para heredar la vida eterna? Esto dice la Palabra de Dios, lo cual reiteró el mismo Señor: Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Aquel, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás. Lucas 10:25-28. ¿Qué nos dice esto? Esto nos describe un camino claro. Lo primero: que el Señor debe ser primero en todo, y que debemos amarle por sobre todas las cosas y con todo lo que somos, y hacer como El nos dice, como el Señor que debe ser de nuestras vidas. Y lo segundo, a raíz de lo primero o porque amamos al Señor, y queremos obedecerle, es que debemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. La razón por lo cual hacemos todo debe ser por el Señor, especialmente cuando ayudamos a las personas que en realidad tienen necesidades. De eso se trata la verdadera fe, de que nuestra creencia es tan fuerte en el Señor que le amamos por sobre todas las cosas, y que buscamos cumplir Su voluntad, cualquiera que sea, a pesar de las circunstancias. Esto también dice la Palabra: Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan. ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? Santiago 2:14-20.

Así que, ¿Estarás realmente listo o lista para el juicio venidero? ¡Qué el Señor les bendiga! John

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La gracia y la ley - Gálatas 5:1-18

Basado en Gálatas 5:1-18 (Versión Reina Valera 1960)  

Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. He aquí, yo Pablo os digo que si os circuncidáis, de nada os aprovechará Cristo. Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar toda la ley. De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído. Pues nosotros por el Espíritu aguardamos por fe la esperanza de la justicia; porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor. Vosotros corríais bien; ¿quién os estorbó para no obedecer a la verdad? Esta persuasión no procede de aquel que os llama. Un poco de levadura leuda toda la masa. Yo confío respecto de vosotros en el Señor, que no pensaréis de otro modo; más el que os perturba llevará la sentencia, quienquiera que sea. Y yo, hermanos, si aún predico la circuncisión, ¿por qué padezco persecución todavía? En tal caso se ha quitado el tropiezo de la cruz. ¡Ojalá se mutilasen los que os perturban! Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Pero si os mordéis y os coméis unos a otros, mirad que también no os consumáis unos a otros. Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.

Desde que el Señor vino a este mundo para establecer el nuevo pacto a través de Su Persona, ha habido mucha confusión en el hombre sobre qué es lo que debe hacer una persona para ser salvo, para poder lograr la vida eterna. Pero lo que hay que dejar bien en claro es que no es la culpa de Dios, porque El no es Dios de confusión, sino de Verdad, de luz, y de vida. Entonces, ¿Cuál es el problema? Nosotros. El ser humano, cuando es guiado por su carnalidad, por sus propias ideas, y no es humilde y sensible a Dios, es el que produce estas controversias y confusiones, porque la Verdad es la Verdad, pero todo depende de cómo una persona quiera oírla, si esta realmente dispuesta a escucharla, o si tiene otras intenciones. Pero, tan sencillamente, no hay controversias en la sana doctrina de Cristo, en lo que El nos enseñó. Dios ofrece un solo Camino, exacto, preciso, para poder llegar a la vida eterna, pero el hombre (y claro, a través de la tentación del diablo) es el que crea otros caminos, otras ideas, y da a luz a la confusión y el desvarío.

Lo primero que debiéramos ver es el asunto de que si en realidad Cristo vino a acabar con la ley. Veamos primero que es esta ley. La ley son todos los mandamientos que se nos dieron antes de que viniera el Señor a la tierra, y fue dada a través de Moisés, para que el pueblo de Dios pudiera tener la mejor vida posible en esta tierra. Y dentro de esa ley, había mandatos que eran señales o practicas carnales o simbólicas, como este asunto de la circuncisión. La circuncisión era una señal física que Dios estableció como parte de esa ley. Y si lo vemos medicamente, también es una practica muy buena de higiene para el hombre, para poder evitar ciertas complicaciones que pueden afectar al hombre y la mujer. Pero el Señor dijo esto: No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Mateo 5:17. Entonces, ¿hay una contradicción entre lo que dijo el Señor y lo que enseña aquí Pablo en Gálatas? Por supuesto que no. Cristo no vino a abrogar o quitar lo fundamental de la ley, lo cual, sí produce vida eterna, sino lo físico, lo que en realidad no impacta al alma del hombre, y a eso es lo que se refiere Pablo. Por eso que esta práctica de la circuncisión ya no es necesaria, porque era algo externo, físico, algo que en sí, no tiene nada que ver con el alma de una persona. Igual que el asunto de que si es el Sábado el día correcto para adorar a Dios, y para el descanso. El propio Señor trabajó, por decir, el Sábado en varias ocasiones, pero claro, para hacer cosas que eran la plena voluntad de Dios, no para enriquecerse, o para otras cosas. Entonces, ¿es el Sábado o el Domingo tan importante como para definir la eternidad de una persona? No. Lo que importa es que una persona se congregue con otras personas para adorar a Dios, como era la costumbre del Señor (porque El es nuestro ejemplo), y la misma creación, lo cual Dios creo, nos enseña que tener un día de descanso regularmente es bueno para la salud.

Entonces, ¿Qué es la gracia que tanto el Señor y Pablo enseña? El verdadero cumplimiento de la ley a través de la Persona del Señor Jesucristo. La ley es simplemente la instrucción que Dios nos da a través de Su Palabra para que sepamos que hacer para poder heredar o tener vida eterna. Esto por ejemplo dice la Palabra: Un hombre principal le preguntó, diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino solo Dios. Los mandamientos sabes: No adulterarás; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre. Él dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. Jesús, oyendo esto, le dijo: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme. Entonces él, oyendo esto, se puso muy triste, porque era muy rico. Al ver Jesús que se había entristecido mucho, dijo: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios. Lucas 18:18-25. Y esto también dice la Palabra: Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Aquel, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás. Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese. ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo. Lucas 10:25-37. Entonces, ¿Qué vemos claramente? Que todo lo que tiene ver con el amar a Dios y amar al prójimo en la ley sigue tan vigente como cuando Dios lo mando. Y que, si no amas al Señor por sobre todas las cosas, haciendo como El manda, ni amas a tu prójimo como a ti mismo, no heredarás u obtendrás la vida eterna. Y que, en rendidas cuentas, la fe sin obras es muerta, porque el amor solo se puede mostrar a través de la acción, a través de la obra. Así que, ¿vives la gracia de Dios a través de Jesucristo para vida eterna, o sigues tus propias ideas siguiendo y observando cosas que de nada sirven? ¡Qué el Señor les bendiga! John

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La responsabilidad de ser padres - Números 3:1-4

Basado en Números 3:1-4 (Versión Reina Valera 1960)  

Estos son los descendientes de Aarón y de Moisés, en el día en que Jehová habló a Moisés en el monte de Sinaí. Y estos son los nombres de los hijos de Aarón: Nadab el primogénito, Abiú, Eleazar e Itamar. Estos son los nombres de los hijos de Aarón, sacerdotes ungidos, a los cuales consagró para ejercer el sacerdocio. Pero Nadab y Abiú murieron delante de Jehová cuando ofrecieron fuego extraño delante de Jehová en el desierto de Sinaí; y no tuvieron hijos; y Eleazar e Itamar ejercieron el sacerdocio delante de Aarón su padre.

Tener hijos es algo bonito, y claro, si se tienen por buenas razones. Hay personas que piensan que los hijos se debieran tener cuando dos personas se aman, y que estos hijos sean el fruto de su amor, y eso es bonito. Hay otros que tienen hijos con los deseos de que sean como extensiones de ellos mismos, y de poder darle todo lo que ellos no pudieron tener, y eso no es malo tampoco. Hay otros que tienen hijos para que los hijos puedan lograr metas y sueños que ellos no pudieron obtener, y en sí, eso no es malo tampoco. Y claro, hay personas que tienen hijos por accidente, o por tratar de retener a una pareja, o por desgracia, para conseguir cosas que desean, y estas no son razones muy buenas para tener hijos. Los hijos en fin vienen por distintas razones, algunas son buenas, y otras no buenas, pero cualquiera que sea la razón, comienza una gran responsabilidad, la cual comienza en el momento de la concepción (porque de allí comienza la responsabilidad, no cuando dejan el vientre de la madre). Y como toda responsabilidad, hay que dar cuentas, y El que va a exigir cuentas es nada menos que Dios, y de Dios, nadie se escapa, como está escrito: Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en Su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta. Hebreos 4:13.

Ahora bien, ¿Cuáles son las cosas que los padres (hablando de madre y padre) le deben a sus hijos? No solamente delante de Dios, sino también delante de la sociedad, le deben las cosas esenciales como comida, ropa, un lugar adonde vivir, y cuidados. Estas son las cosas físicas que sencillamente deben estar para una persona que no se lo puede proveer a sí misma. Pero también en conjunto con eso, lo que más le deben no es necesariamente una carrera universitaria, o darle para sus gustos y deleites, o ni siquiera dejarle bienes materiales. Lo que más les deben a un hijo es la instrucción, y aún más preciso, el darle el pleno conocimiento de Dios, y de implantar el temor de Dios en ellos. Eso es un deber. Cualquiera diría: Pero yo ni se de Dios, ni sé Quién es, ¿Cómo le puedo dar algo así a mi hijo? Y ahí viene lo que incumbe a toda responsabilidad. Tienes que tú buscar de Dios para poder darle a tu hijo como corresponde. Debes tener tu propia relación con Dios para poder impartir ese conocimiento a tu hijo o hija, y esa es una responsabilidad, y como toda responsabilidad, hay que luchar por eso. ¿No te cuesta esfuerzo cumplir con un trabajo, pagar cuentas y deudas, mantener un lugar adonde vivir, tener para comer, y también tener para poder comprar ropa y medicinas si son necesarias? Claro que sí. Entonces, también hay que ponerle esfuerzo a buscar de Dios, buscar saber Quién es Dios, y lograr tener esa relación que necesitas, como está escrito: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. Mateo 7:7-8. Así que, todo esto implica acción (obra). Si buscas a Dios, lo hallarás. Si llamas a Dios, El te abrirá. Porque, en fin, solamente porque no sabes o conoces de algo, no te libera de la responsabilidad que le debes a tus hijos. No hay excusa. Tal como no hay excusa para no saber de que existe un Dios, porque El esta en todas las cosas, como también dice la Palabra: Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Romanos 1:20. Así que, nadie tiene por donde escaparse ni de Dios, ni de su responsabilidad como padre para ante Dios.

Se ha mencionado que los padres tienen una responsabilidad de darle a conocer a sus hijos de Quien es Dios. Y podrán preguntar, ¿Dónde dice eso la Biblia? Esto dice: Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas. Deuteronomio 6:4-9. Esto sigue vigente hasta el día de hoy. Los padres están supuestos a enseñarle a sus hijos a amar al Señor con todo su ser, y tienen que darle esta instrucción y conocimiento siempre, desde que están en el vientre, porque de allí dice la Palabra que llama a todo ser humano, desde el vientre, como está escrito: …Desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios. Salmo 22:10b. Los padres tienen que repetirle a sus hijos cuantas veces sea posible, y tener cosas que le recuerden esto a su alrededor. Esto no es una buena idea, sino un mandato. Porque también dice la Palabra: He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre. Salmo 127:3a. Nada ni nadie en este mundo te quita esta responsabilidad ante el Dios Todopoderoso.

¿Qué fue entonces lo que paso con los hijos de Aaron? Esto sucedió: Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó. Y salió fuego de delante de Jehová y los quemó, y murieron delante de Jehová. Entonces dijo Moisés a Aarón: Esto es lo que habló Jehová, diciendo: En los que a mí se acercan me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado. Y Aarón calló. Levítico 10:1-3. Y también: A ti, pues, hijo de hombre, te he puesto por atalaya a la casa de Israel, y oirás la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte. Cuando yo dijere al impío: Impío, de cierto morirás; si tú no hablares para que se guarde el impío de su camino, el impío morirá por su pecado, pero su sangre yo la demandaré de tu mano. Y si tú avisares al impío de su camino para que se aparte de él, y él no se apartare de su camino, él morirá por su pecado, pero tú libraste tu vida. Ezequiel 33:7-9. Se les había dado las instrucciones que necesitaban, pero hicieron como les parecía, y pagaron caro el asunto. Y Aarón no fue culpado porque él les dijo lo que tenía que ser, o si no, también Aarón hubiera perecido con sus hijos. Los padres cumplen con su responsabilidad finalmente cuando hacen como Dios manda.

El tener hijos no es un juego, y una persona no debe hacer como le parecen las cosas, sino como Dios manda, si en realidad quiere hacer la voluntad del Padre, lo cual es lo que permite que tengamos vida eterna a través del Señor Jesucristo. Como también dice la Palabra: No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Mateo 7:21. Así que, ¿cumples tu con responsabilidad ante Dios? ¡Qué el Señor les bendiga! John

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Las causas de la desobediencia - 1 Samuel 15:1-24

Basado en 1 Samuel 15:1-24 (Versión Reina Valera 1960)  

Después Samuel dijo a Saúl: Jehová me envió a que te ungiese por rey sobre su pueblo Israel; ahora, pues, está atento a las palabras de Jehová. Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo castigaré lo que hizo Amalec a Israel al oponérsele en el camino cuando subía de Egipto. Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos. Saúl, pues, convocó al pueblo y les pasó revista en Telaim, doscientos mil de a pie, y diez mil hombres de Judá. Y viniendo Saúl a la ciudad de Amalec, puso emboscada en el valle. Y dijo Saúl a los ceneos: Idos, apartaos y salid de entre los de Amalec, para que no os destruya juntamente con ellos; porque vosotros mostrasteis misericordia a todos los hijos de Israel, cuando subían de Egipto. Y se apartaron los ceneos de entre los hijos de Amalec. Y Saúl derrotó a los amalecitas desde Havila hasta llegar a Shur, que está al oriente de Egipto. Y tomó vivo a Agag rey de Amalec, pero a todo el pueblo mató a filo de espada. Y Saúl y el pueblo perdonaron a Agag, y a lo mejor de las ovejas y del ganado mayor, de los animales engordados, de los carneros y de todo lo bueno, y no lo quisieron destruir; mas todo lo que era vil y despreciable destruyeron. Y vino palabra de Jehová a Samuel, diciendo: Me pesa haber puesto por rey a Saúl, porque se ha vuelto de en pos de mí, y no ha cumplido mis palabras. Y se apesadumbró Samuel, y clamó a Jehová toda aquella noche. Madrugó luego Samuel para ir a encontrar a Saúl por la mañana; y fue dado aviso a Samuel, diciendo: Saúl ha venido a Carmel, y he aquí se levantó un monumento, y dio la vuelta, y pasó adelante y descendió a Gilgal. Vino, pues, Samuel a Saúl, y Saúl le dijo: Bendito seas tú de Jehová; yo he cumplido la palabra de Jehová. Samuel entonces dijo: ¿Pues qué balido de ovejas y bramido de vacas es este que yo oigo con mis oídos? Y Saúl respondió: De Amalec los han traído; porque el pueblo perdonó lo mejor de las ovejas y de las vacas, para sacrificarlas a Jehová tu Dios, pero lo demás lo destruimos. Entonces dijo Samuel a Saúl: Déjame declararte lo que Jehová me ha dicho esta noche. Y él le respondió: Di. Y dijo Samuel: Aunque eras pequeño en tus propios ojos, ¿no has sido hecho jefe de las tribus de Israel, y Jehová te ha ungido por rey sobre Israel? Y Jehová te envió en misión y dijo: Ve, destruye a los pecadores de Amalec, y hazles guerra hasta que los acabes. ¿Por qué, pues, no has oído la voz de Jehová, sino que vuelto al botín has hecho lo malo ante los ojos de Jehová? Y Saúl respondió a Samuel: Antes bien he obedecido la voz de Jehová, y fui a la misión que Jehová me envió, y he traído a Agag rey de Amalec, y he destruido a los amalecitas. Mas el pueblo tomó del botín ovejas y vacas, las primicias del anatema, para ofrecer sacrificios a Jehová tu Dios en Gilgal. Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey. Entonces Saúl dijo a Samuel: Yo he pecado; pues he quebrantado el mandamiento de Jehová y tus palabras, porque temí al pueblo y consentí a la voz de ellos. Perdona, pues, ahora mi pecado,

Como todas las cosas, nada pasa porque si nada más. Siempre hay razones por lo cual las cosas suceden, hay motivos o intenciones que producen acciones en cada persona. Y este asunto de la desobediencia no es la excepción. Las personas no desobedecen porque si nada más, y especialmente cuando se trata de la Palabra de Dios. En este pasaje podemos ver claramente las causas por las cuales Saul desobedeció a la Palabra del Señor, dada a través de Samuel. Todo lo que hacemos tiene una razón, algo que lo produce. Así que, este Saul tuvo sus razones.

Pero antes de ver la causa de la desobediencia, hay algo que se debe ver, el porqué la Palabra de Dios es importante seguirla, a pesar de que haya un mensajero físico o un intermediario. El asunto es que Dios nos habla directamente hoy a través de Su Palabra que es la Santa Biblia. A la hora que una persona lee o escucha algo de la Biblia, está leyendo o escuchando algo que viene directamente de Dios para uno. No es una coincidencia cuando se refiere a eso, e inclusive en los lugares más inesperados. Sea que uno este sentado en una iglesia (cualquiera que sea), o vea un letrero en la carretera, o escuche una canción, o la vea o escuche en una película, o hasta la vea en un partido de futbol americano (porque es casi infaltable el cartel de Juan 3:16 en cada partido en las gradas), es Dios el que te está hablando. Y también, sea quien sea el mensajero, aun hasta un ministro, o pastor, o maestro que este desviado, si está leyendo o diciendo la Palabra pura de Dios (ignorando el desvío que trate de llevar a cabo, por supuesto), es finalmente Dios quien está hablando. Esto mismo dijo el Apóstol Pablo: Algunos, a la verdad, predican a Cristo por envidia y contienda; pero otros de buena voluntad. Los unos anuncian a Cristo por contención, no sinceramente, pensando añadir aflicción a mis prisiones; pero los otros por amor, sabiendo que estoy puesto para la defensa del evangelio. ¿Qué, pues? Que no obstante, de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado; y en esto me gozo, y me gozaré aún. Filipenses 1:15-18. Entonces, la Palabra de Dios es la Palabra de Dios, de cualquier manera que venga, y es necesario escucharla en Su pureza y hacer lo que dice por el propio bien de uno, porque finalmente, la Palabra de Dios es para nuestro bien. Por lo tanto, este Saul debió haber escuchado y obedecido a Samuel, no porque Samuel estaba dando un parecer, sino porque Dios le hablo a Saul a través de Samuel.

Ahora bien, ¿Cuál era la razón por lo cual Saul desobedeció? Y la Palabra lo relata y también revela la más grande causa que se puede ver en una acción. Lo primero que podemos ver es la confesión de Saul, donde le dice a Samuel que, quebranto el mandamiento de Jehová porque le temió al pueblo. Saul le tuvo más temor a otros seres humanos iguales a él que al Dios Todopoderoso que le dió todo, y que quería hasta establecerlo como rey. Y en el otro lugar que vemos la raíz principal, es cuando vuelve a Carmel y se levanta un monumento para sí mismo después de la batalla. ¿Qué dice eso? Que, en vez de darle la gloria a Dios, Saul se glorió a sí mismo. Por lo tanto, podemos ver que el ídolo de Saul era su propia persona, y por eso que él no quería desafiar al pueblo, porque él finalmente ansiaba la honra de ellos para sí mismo. Entonces, la conclusión más clara a la que se puede llegar es que la razón por lo cual Saul desobedeció a Dios, es porque él creía ser igual a Dios. Y desgraciadamente, esa es la razón por lo cual toda persona desobedece finalmente a Dios, porque se cree igual a Dios. En vez de buscar hacer la voluntad de Dios, la persona busca hacer su propia voluntad. Por eso que Dios mismo denomina que la rebelión es como el pecado de adivinación, y la obstinación como la idolatría, porque una persona toma los rasgos del mismo diablo cuando le desobedece a Dios. Y claro debiera ser, que el que se enfrenta en contra de Dios perderá eternamente, igual que el diablo. Nada bueno sale de rebelarse en contra de Dios y de Su Palabra.

Así que, la pregunta de hoy es muy sencilla, especialmente si una persona le está desobedeciendo a Dios, y rebelándose en contra de Su Palabra: ¿Crees ser igual a Dios? ¡Qué el Señor les bendiga! John

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Cuando Dios permite que aparezcan los opresores - Salmo 74

Basado en Salmo 74 (Versión Reina Valera 1960)  

¿Por qué, oh Dios, nos has desechado para siempre? ¿Por qué se ha encendido tu furor contra las ovejas de tu prado? Acuérdate de tu congregación, la que adquiriste desde tiempos antiguos, la que redimiste para hacerla la tribu de tu herencia; este monte de Sion, donde has habitado. Dirige tus pasos a los asolamientos eternos, a todo el mal que el enemigo ha hecho en el santuario. Tus enemigos vociferan en medio de tus asambleas; han puesto sus divisas por señales. Se parecen a los que levantan el hacha en medio de tupido bosque. Y ahora con hachas y martillos han quebrado todas sus entalladuras. Han puesto a fuego tu santuario, han profanado el tabernáculo de tu nombre, echándolo a tierra. Dijeron en su corazón: Destruyámoslos de una vez; han quemado todas las sinagogas de Dios en la tierra. No vemos ya nuestras señales; no hay más profeta, ni entre nosotros hay quien sepa hasta cuándo. ¿Hasta cuándo, oh Dios, nos afrentará el angustiador? ¿Ha de blasfemar el enemigo perpetuamente tu nombre? ¿Por qué retraes tu mano? ¿Por qué escondes tu diestra en tu seno? Pero Dios es mi rey desde tiempo antiguo; El que obra salvación en medio de la tierra. Dividiste el mar con tu poder; quebrantaste cabezas de monstruos en las aguas. Magullaste las cabezas del leviatán, y lo diste por comida a los moradores del desierto. Abriste la fuente y el río; secaste ríos impetuosos. Tuyo es el día, tuya también es la noche; tú estableciste la luna y el sol. Tú fijaste todos los términos de la tierra; el verano y el invierno tú los formaste. Acuérdate de esto: que el enemigo ha afrentado a Jehová, y pueblo insensato ha blasfemado tu nombre. No entregues a las fieras el alma de tu tórtola, y no olvides para siempre la congregación de tus afligidos. Mira al pacto, porque los lugares tenebrosos de la tierra están llenos de habitaciones de violencia. No vuelva avergonzado el abatido; el afligido y el menesteroso alabarán tu nombre. Levántate, oh Dios, aboga tu causa; acuérdate de cómo el insensato te injuria cada día. No olvides las voces de tus enemigos; el alboroto de los que se levantan contra ti sube continuamente.

Lo que primero que pudiéramos ver es quien y cuando fue escrito este Salmo. Este Salmo no lo escribió el rey David, sino que, fue escrito por Asaf, uno de los tres músicos principales de adoración de la tribu de Levi que vivió durante el reinado del rey David. ¿Por qué es importante esto? Porque mucho de lo que escribe aquí Asaf o es de tiempos muy antiguos, o es profético. A lo que se refiere a tiempos antiguos, Asaf escribe de los monstruos marinos (o grandes serpientes marinas como lo especifican más las Escrituras en el hebreo) y del leviatán, los cuales fueron criaturas que existieron antes del diluvio. Y claro debiera ser, que Asaf no vió estas criaturas ni estos hechos en persona. La otra persona que hablo del leviatán era Job, y se cree que el libro de Job es el libro más antiguo de la Biblia, que fue escrito mucho antes que Moisés escribiera el Genesis. Y cuando Asaf cuenta de que han puesto fuego al santuario, y que las sinagogas han sido quemadas, y que no hay más profeta, es imposible que él este hablando de su presente. Durante el tiempo del Rey David, cuando Asaf vivió, nunca sucedieron tales cosas. Sino todo lo contrario. El vivió durante el tiempo del completo establecimiento del reino de Israel, y hasta de Jerusalén como su capital. Entonces, ¿Qué significa todo esto?

Para poder entender esto mejor, habría que comenzar por lo futuro, o sea, por los desastres que sí viviría Israel mucho después que muriera Asaf. Si una persona escuchó esta canción de Asaf en su momento, dirían algunos que estaría loco, o que sencillamente no vive una realidad. Pero, lo que Dios hace es que le revela a Asaf lo que pasaría con Israel cuando se iba a apartar de El. Ahora, uno tiene que preguntarse: ¿Por qué Dios permitiría (o permite) que los enemigos destruyan a Su pueblo? Dios permite que los enemigos hagan lo que quieran cuando el pueblo se olvida de El, cuando abandona a Dios. Esto dijo el Señor: Pero acontecerá, si no oyeres la voz de Jehová tu Dios, para procurar cumplir todos sus mandamientos y sus estatutos que yo te intimo hoy, que vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te alcanzarán… …Jehová te entregará derrotado delante de tus enemigos; por un camino saldrás contra ellos, y por siete caminos huirás delante de ellos; y serás vejado por todos los reinos de la tierra. Y tus cadáveres servirán de comida a toda ave del cielo y fiera de la tierra, y no habrá quien las espante. Deuteronomio 28:15, 25, 26. Así que, la gran mayoría de las veces, Dios permite que los enemigos de Su pueblo prevalezcan en contra de ellos porque sencillamente le han dado la espalda a Dios. Y esto fue lo que sucedería con Israel y los Asirios, y después con Judá y los Babilonios. Y claro, Dios permitió que Roma viniera y destruyera a Jerusalén en el año 70DC porque el pueblo de Israel no reconoció la visita de Su Mesías. En vez de exaltarle como tal, le crucificaron, y le mataron, y ni las autoridades religiosas o gubernamentales se arrepintieron de su gran mal. El Señor tenia que ser muerto, pero ay de los que se prestaron para hacerlo y no se arrepintieron.

Ahora, ¿Por qué hablar de un pasado tan lejano? Porque la fe solo se puede fortalecer al recordar los hechos de Dios en el pasado, y especialmente, al recordar cosas que superan las circunstancias del presente (o del futuro). Los enemigos que se levantarían en el futuro serian muchos, muy fuertes y poderosos, pero Dios había hecho antes grandes proezas en contra de seres mucho más horribles y gigantescos. El Señor había destruido seres que superaban exponencialmente a los enemigos que vendrían después. Esta es la razón por lo cual nunca podemos olvidar los pasados hechos del Altísimo, porque alimentan nuestra confianza en El. Hay dos cosas que tienen que ver con este aspecto, y son: Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios. Romanos 10:17. Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. Hebreos 13:8. En la Palabra de Dios tenemos las riquezas de Sus hechos, de Sus grandes proezas, y de sus inmensas misericordias, porque Dios actúa por misericordia (no hay nada que le obligue a hacer algo). Y ¡bendito sea el Señor que El nunca cambia!

Entonces, ¿Cómo aplican estas cosas a nosotros hoy? Que debemos siempre tener en mente, especialmente a aquellos de nosotros que seguimos al Señor, que nunca nos podemos olvidar del Señor, nunca darle la espalda, porque o si no, nos sucederán grandes males. Esta es la razón por lo cual tenemos muchos de nuestros problemas hoy, porque muchos que habían conocido a Dios le han dado la espalda, se han infatuado en su pecado y rebelión en contra de Dios, y le han abandonado por cosas de mucho menos valor, y así insultando Su grandeza. Por desgracia, mucho del pueblo de Dios se vende por cosas muy pequeñas y temporales, vende su relación con Dios muy baratamente. Pero, si uno se arrepiente de toda su maldad, de su infidelidad con el Señor, Dios puede volver a tener misericordia, y puede hacer grandes cosas, El puede actuar a nuestro favor y hacer grandes proezas, tales como los que hizo antes. El Señor es Dios celoso, pero también, es misericordioso y bueno para con aquellos que buscan Su rostro y principalmente, le aman. Y el más grande enemigo que necesitamos que venza El por nosotros, es la muerte y la consecuencia eterna del pecado. El lo ha vencido en la cruz, pero nosotros tenemos que tratarle como el Señor que es para que El pueda efectivamente vencer a estos enemigos en nuestras vidas individualmente. No se trata de decirle “Señor”, sino de tratarle como Señor. Así que, ¿Necesitas que Dios lidie con tus opresores? ¡Qué el Señor les bendiga! John

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La gracia de Dios - Levítico 17

Basado en Levítico 17 (Versión Reina Valera 1960)  

Habló Jehová a Moisés, diciendo: Habla a Aarón y a sus hijos, y a todos los hijos de Israel, y diles: Esto es lo que ha mandado Jehová: Cualquier varón de la casa de Israel que degollare buey o cordero o cabra, en el campamento o fuera de él, y no lo trajere a la puerta del tabernáculo de reunión para ofrecer ofrenda a Jehová delante del tabernáculo de Jehová, será culpado de sangre el tal varón; sangre derramó; será cortado el tal varón de entre su pueblo, a fin de que traigan los hijos de Israel sus sacrificios, los que sacrifican en medio del campo, para que los traigan a Jehová a la puerta del tabernáculo de reunión al sacerdote, y sacrifiquen ellos sacrificios de paz a Jehová. Y el sacerdote esparcirá la sangre sobre el altar de Jehová a la puerta del tabernáculo de reunión, y quemará la grosura en olor grato a Jehová. Y nunca más sacrificarán sus sacrificios a los demonios, tras de los cuales han fornicado; tendrán esto por estatuto perpetuo por sus edades. Les dirás también: Cualquier varón de la casa de Israel, o de los extranjeros que moran entre vosotros, que ofreciere holocausto o sacrificio, y no lo trajere a la puerta del tabernáculo de reunión para hacerlo a Jehová, el tal varón será igualmente cortado de su pueblo. Si cualquier varón de la casa de Israel, o de los extranjeros que moran entre ellos, comiere alguna sangre, yo pondré mi rostro contra la persona que comiere sangre, y la cortaré de entre su pueblo. Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona. Por tanto, he dicho a los hijos de Israel: Ninguna persona de vosotros comerá sangre, ni el extranjero que mora entre vosotros comerá sangre. Y cualquier varón de los hijos de Israel, o de los extranjeros que moran entre ellos, que cazare animal o ave que sea de comer, derramará su sangre y la cubrirá con tierra. Porque la vida de toda carne es su sangre; por tanto, he dicho a los hijos de Israel: No comeréis la sangre de ninguna carne, porque la vida de toda carne es su sangre; cualquiera que la comiere será cortado. Y cualquier persona, así de los naturales como de los extranjeros, que comiere animal mortecino o despedazado por fiera, lavará sus vestidos y a sí misma se lavará con agua, y será inmunda hasta la noche; entonces será limpia. Y si no los lavare, ni lavare su cuerpo, llevará su iniquidad.

Hay muchos supuestos creyentes que piensan: ¿Para qué leer y estudiar el Antiguo Testamento, si ya el viejo pacto paso, y nada de eso importa? Y es necesario decir a través de la enseñanza del propio Espíritu Santo que el ignorar el Antiguo Testamento es un grave error, el cual es completamente perjudicial a la verdadera fe en Cristo. Es imposible desechar el Antiguo Testamento, porque dentro de El se encuentra parte del completo consejo de Dios, y también la sustancia de lo que vino a reiterar y cumplir el Señor a través de Su Persona. Es más, los más grandes mandamientos que todavía siguen vigentes y están como ordenanza para que el creyente llegue a ser salvo fueron dados en el Antiguo Testamento, tal como lo dijo el Señor mismo: Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que estos. Marcos 12:29-31. Así que, tendría que decir que, si una persona excluye el Antiguo Testamento, está cometiendo apostasía.

Ahora bien, ¿estoy diciendo entonces que hay que volver a las practicas antiguas, las que se enseñaron a través de Moisés? No necesariamente. Hay cosas que Dios en Su infinita sabiduría y misericordia ha cambiado, o hasta ha pasado por alto porque sucedieron cosas muy claves a través de la vida, la muerte y la resurrección del Señor Jesucristo, tales cosas que cambiaron el rumbo de prácticamente todo lo que en realidad importa, lo eterno. Se dice muy fácil y se trivializa muy rápidamente lo que paso en la cruz y en Su resurrección, y eso es un grave error. Tal es el error porque este hecho de no entender lo que paso a ayudado a formar un grupo de personas muy malagradecidos, e insensibles a las cosas de Dios. Y tengo que decir que, si no hay una verdadera convicción en una persona, no podrán superar el juicio de Dios. Por desgracia, lo más cerca que llegaran estas personas al reino de Dios es cuando sufran el juicio de Dios, y de allí, ser echados al infierno. Así que, es un problema muy serio.

Lo que debiéramos ver a través del pasaje de hoy y de lo que se práctica hoy en día, es que todos pecamos, y muy comúnmente, aún estando en Cristo. Ese es parte de la función (si se pudiera decir de esa manera), de la ley de Dios, o del Antiguo Pacto, de ayudarnos a entender lo que es malo y bueno. Como sabrán, todo el mundo, sin excepción matan animales para comer, y ninguno es traído al tabernáculo o templo de Dios como ofrenda de paz. Y claro está, el matar animales, sea para comida u otras cosas, se hace por comercio y también para los ídolos y los demonios (porque todavía siguen estas prácticas), pero nunca como para Dios. Y también, no se puede llevar nada al tabernáculo o al templo de Dios porque no existen. Así que, por varias razones, este mandato que dió Dios es quebrantado a cada momento. Entonces, ¿Qué debiera suceder con este conocimiento? Dos cosas: el entender que pecamos a cada momento (porque este es un solo ejemplo), y en distintas maneras, lo sepamos o no, y eso debiera producir arrepentimiento y conversión, y, si una persona ha sido perdonada por Dios, tomarle el peso de Su gracia, y que lo seguimos experimentando a cada instante, sepamos o no lo malo que seguimos haciendo. Dios, en Su gracia cambio la condena por este pecado a través de la cruz de Cristo (porque el quedar excluido o ser cortado del pueblo de Israel significaba que una persona quedaba excluida de todas las promesas y bendiciones de Dios). Y Dios mismo fue El que cambio esto al cumplir esta profecía: Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo. Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada. Mateo 24:1-2. Esta profecía se cumplió en al año 70 DC, cuando el Imperio Romano destruyó el templo, y literalmente no dejo piedra sobre piedra, para extraer todo el oro y las piedras preciosas que eran parte de los muros. Entonces, a lo único que nos podemos aferrar, sea por nuestra ignorancia, o dependencias, y hasta para sobrevivir, es al Señor y a lo que El hizo en la cruz.

Entonces, si logramos entender lo que se tenía que hacer antes, y lo que Dios ha hecho a través de la persona de Cristo, en lo más mínimo, debiera crecer a diario un grande y profundo agradecimiento hacia Dios que solo debiera culminar en una sola cosa: amar a Dios. Y eso es lo que nos lleva a la ley de Dios, y a la manera que llegaremos al reino de Dios, cumpliendo ese primer mandamiento, amando a Dios con todo lo que somos. La salvación de Dios es un regalo, pero el precio es incalculable: la vida y la sangre de Dios mismo en la persona de Jesucristo. Y esto se cumplirá si una persona no llega a amar al Señor como corresponde (porque el amor se ve en las obras): El que no amare al Señor Jesucristo, sea anatema. El Señor viene. 1 Corintios 16:22. Si una persona no llega a amar al Señor como lo dice Su Palabra, no tendrá vida eterna. Así que, ¿Entiendes la gracia de Dios, y de tal manera para poder llegar a amarle por sobre todas las cosas? ¡Qué el Señor les bendiga! John

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